quarta-feira, 15 de julho de 2009

Romano Amério e Caritas in Veritate

Ver também em “Fratres in Unum”: Grandes retornos. “Iota unum” e “Stat veritas” de Romano Amerio.
LA DISLOCACION DE LA FUNCION MAGISTERIAL DESPUÉS DEL CONCILIO VATICANO II

Romano Amério

Ruunt saecula, stat veritas.Immo, stante veritate,
stat homo, stat mundus.
Circumversamur undique, et deversamur;
sed veritas nos erigit.
Amice, siste fugam, pone te in centro,
ubi nullus motus,
sed vita, immo: vita vivificans.

Transcurren los siglos, pero la verdad permanece.
Y si permanece la verdad,
permanece el hombre, permanece el mundo.
Por todas partes estamos rodeados, y desviados,
pero la verdad nos mantiene rectos.
Amigo, detén la huida, colócate en el centro,
allí donde no hay movimiento
sino vida, sí, vida vivificante

Mi contribución al Congreso teológico de Sí Sí No No consistirá en desarrollar el siguiente principio: la crisis de la Iglesia Católica consiste en una dislocación de la autoridad magisterial, que se transfiere desde la autoridad del Magisterio universal a la autoridad de los teólogos. Esta dislocación fue pronto advertida, porque en los años próximos al Concilio tuvo lugar una viva reacción. Pero en estos seis últimos lustros la gran mayoría de los teólogos han conseguido la reivindicación que entonces se propusieron obtener: ser reconocidos como partícipes en el oficio didáctico de la Iglesia. Dispongo en mi archivo de muchos recortes y pruebas de que esto se sentía como un peligro.
Es preciso decir que sobre este punto el Concilio afirmó la doctrina perenne de la Iglesia, pero dicho peligro se formuló inmediatamente después. No debe olvidarse el gran principio metódico de los innovadores, obispos y peritos conciliares, quienes introdujeron subrepticiamente en los textos propuestos al Vaticano II expresiones anfibológicas, cuya interpretación en sentido innovador se reservaban para cuando fuesen publicados los textos. Es la estrategia perpetrada explícitamente por los modernistas. A este propósito existe una importantísima declaración del dominico holandés Edward Schillebeeckx, quien dice expresamente: "las manifestamos [las ideas que nos impulsan] de una forma diplomática, pero después del Concilio extraeremos las conclusiones implícitas" (De Bazuin, nº 16, 1965; trad. francesa en Itinéraires, nº 155, 1971, pág. 40). Es como decir: utilizamos un estilo diplomático (como dice el vocablo, doble), en el cual las palabras se conforman con vistas a la hermenéutica, iluminando u oscureciendo, respectivamente, las ideas que nos impulsan o las que no nos convienen. Se produjeron así documentos conciliares que, en previsión de una posterior hermenéutica laxista y enervante, tenían por objeto apoyar las opiniones innovadoras. El escándalo principal y radical debe atribuirse a Juan XXIII, quien consintió que los observadores protestantes en el Concilio no solamente asistiesen a los trabajos de las comisiones, sino que cooperasen en ellas, de modo tal que algunos textos del Concilio no sólo son una elaboración de teólogos, en vez de obispos, sino de teólogos protestantes.

Fe y razón
La transferencia de autoridad de la cual queremos hablar es uno de los movimientos de inspiración racionalista, humanista y naturalista más imponentes y arraigados. Su gran principio es que las verdades de fe proceden de las elucubraciones del intelecto humano.
En la doctrina tradicional, la fe es una superación de la razón: según la doctrina de la Iglesia Católica, para creer es preciso salir fuera de la razón, ir más allá de la razón, al ser extrínseco a ella lo que está por encima de la razón. Que esté fuera de ella no quiere decir que le sea opuesto: al contrario, quiere decir que la completa y la apoya, y precisamente por eso está fuera de ella. Sin embargo, según la doctrina moderna la fe es una forma de la razón, es decir, algo intrínseco a ella. Lo cual significa que para creer no es preciso salir de la razón.
La función del Magisterio de la Iglesia consiste en inculcar en el espíritu de los fieles las persuasiones sobrenaturales: enseñarlas, arraigarlas, provocar su adhesión a las mismas. La palabra enseñar quiere decir "obrar de modo tal que uno pase a saber lo que no sabía". La función del Magisterio es también apologética, porque el maestro debe defender lo que enseña. Y lo debe defender alegando tanto motivos ofrecidos por la autoridad bíblica (motivos, por consiguiente, de orden sobrenatural) como motivos de razón natural. Finalmente, enseñar una cosa quiere decir también conseguir que la retengan las mentes a las cuales ha sido enseñada, porque el maestro debe velar para que no se pierdan ni se vean modificadas sus enseñanzas.

El Magisterio del Papa
Como testimonio de la consciencia con que, en tiempos del Concilio, la virtud didáctica que acabamos de recordar se estaba diluyendo en el vacío, puede recordarse aquella autorizada declaración del Card. Heenan, Primado de la Iglesia de Inglaterra, que en una de las primeras sesiones del Concilio se expresaba así: "hoy en la Iglesia ya no existe la enseñanza de los obispos: ya no son un punto de referencia en la Iglesia. El único punto en el cual todavía actúa la función magisterial de la Iglesia es el Sumo Pontífice" (Osservatore Romano, ed. it., 28-4-68). Es decir, donde ya nadie enseña, todos enseñan; y donde ya no hay una verdad que enseñar, se enseñan multitud de opiniones. Pero a treinta años de distancia esa declaración del Primado de Inglaterra suena optimista, porque hoy ni siquiera el Pontificado ejercita ya la función magisterial. Si, como hemos visto, el Magisterio es la manifestación de la Palabra divina de la cual es depositaria la Iglesia y que la Iglesia tiene de oficio el deber de enseñar y predicar, entonces esa manifestación de la Palabra divina está ausente, o cuando menos en decadencia, en el actual Pontificado: yo no habría escrito mi libro Stat Veritas, con sus cincuenta y cinco glosas al documento Tertio Millenio Adveniente, si el Santo Padre hubiese enseñado y manifestado siempre la Palabra divina (que es, ésta sí, el verdadero Magisterio viviente en la Iglesia), en vez de sus propias opiniones, expresándose en una forma que no refleja directa y netamente la verdad. Al contrario, si las he escrito es precisamente porque tampoco el Santo Padre, en el ejercicio de su magisterio, presta el auxilio que los fieles esperan del Sumo Magisterio: él habla, pero no manifiesta lo que le correspondería manifestar. Porque es necesario decir que, incluso en los documentos más vinculantes, no todas las palabras del Papa constituyen Magisterio, sino que con frecuencia son sólo expresión de las opiniones, pensamientos, y consideraciones difundidas hoy en la Iglesia. Incluso el Papa refleja en sus alocuciones todo un sistema de pensamiento, el sistema de pensamiento en el cual se complace hoy el hombre.
Una doctrina privada es elaboración propia de un individuo, pero aquí no se trata de eso: se trata de doctrinas que se han difundido y se han convertido en dominantes en buena parte de la teología. Por ejemplo, en Tertio Millenio Adveniente: "Cristo es el cumplimiento del anhelo de todas las religiones del mundo y, por ello mismo, es su única y definitiva culminación" (n. 6); y aún más: "no se habría de descuidar (...) el encuentro del cristianismo con aquellas antiquísimas formas de religiosidad, significativamente caracterizadas por una orientación monoteista" (n. 38); e incluso: "en este diálogo deberán tener un puesto preeminente los hebreos y los musulmanes" (n. 53). Y en Ut unum sint se afirma que la infalibilidad del Papa es una verdad irrenunciable de la Iglesia, pero que deberá encontrarse un modo nuevo de interpretarla (n. 95).
Por consiguiente, también las manifestaciones didácticas del Papa han asumido una característica impropia de la suprema función magisterial. Cuando el Papa no manifiesta la Palabra divina que le ha sido confiada y que tiene la obligación de manifestar, expresa sus opiniones personales en el sentido que hemos clarificado antes.

La decadencia del Magisterio
Nos encontramos pues ante la manifestación de la decadencia del Magisterio ordinario de la Iglesia. El Papa tiene la obligación de custodiar y exponer el depósito de la Fe (la Revelación divina), pero sólo la cumple pálidamente.
Cuando el Papa desiste de cumplir este su primer deber, se abre una gravísima crisis en la Iglesia, porque es el núcleo central de la Iglesia quien la sufre. No existe ningún órgano de corrección superior al Pontífice: de hecho, el Primado del Pontífice romano es uno de los dogmas "fundamentales", si se puede hablar así, de la Iglesia.
En 1969, algunos grupos alemanes sostuvieron, incluso ante el Card. Testa, legado pontificio, que debía ser el Colegio episcopal quien, en los momentos de grave crisis de la Sede Apostólica, asumiese la facultad de corregir al Pontífice o, en último extremo, de deponerlo. Pero esta doctrina incluía un grave error, como es la negación del Primado y por consiguiente de la infalibilidad. El Pontífice es infalible cuando habla ex cathedra, es decir, cuando habla con la autoridad vicaria de maestro infalible.
En los últimos treinta años, centenares de obispos, de superiores religiosos de las más diversas órdenes, de prelados de la Curia, y por último, el Sumo Pontífice, han debilitado progresivamente este fundamento doctrinal, que disuelve la fe y su raíz sobrenatural en una miriada de opiniones privadas y personales. La razón estriba en que, al ser el Pontificado romano el verdadero principio de la Iglesia, si desfallece el Papa desfallece la Iglesia, y si se derrumba el Papa, se derrumba la Iglesia. El principio de autoridad en la Iglesia es único: el Sumo Pontífice, Vicario de Cristo, que ha recibido de Cristo el mandato de confirmar en la fe a todos los hermanos; "confirmar" quiere decir "reforzar", "hacer firme".

Una "nueva forma" de ejercicio del Primado
En la crisis del Concilio tiene un papel relevante la tentativa de repartir entre el Papa y los Obispos el Magisterio infalible. En conjunto, y a pesar de la Nota praevia a la Constitución Conciliar Lumen Gentium, el movimiento antipapal ha triunfado, porque hoy se encuentra muy difundido ese espíritu antipapal, antirromano y enemigo de la autoridad. Hasta los cristianos están convencidos de que debe interpretarse la infalibilidad de un modo nuevo. Por otra parte, el mismo Juan Pablo II hace declaraciones antipapales, como hemos visto, en el sentido de acoger "la petición que se me dirige de encontrar una forma de ejercicio del Primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva" (Ut unum sint, n. 95). Lo cual viene a ser como decir: es irrenunciable, pero no es irrenunciable; es un principio absoluto, pero no es un principio absoluto. La infalibilidad del Papa es una roca inamovible, pero... Y cuando se dice pero ya ha tenido lugar la concesión: el nuevo modo supondrá en realidad una alteración de la verdad definida como inconmovible. De hecho circulan ya propuestas de teólogos luteranos, apoyadas por teólogos católicos, de que los protestantes podrían admitir la infalibilidad concediendo que permanezca como una costumbre y creencia peculiar exclusiva de la Iglesia romana. Y el Santo Padre, con las palabras citadas, parece acceder a esa idea, en virtud de la cual estaría dispuesto a limitar la infalibilidad de forma tal que, no siendo ya universal, ni siquiera constituiría un dogma de fe. Pero ello quebraría la naturaleza de la Iglesia, porque si unas diócesis creen y otras no, es su naturaleza la que resulta comprometida. La Iglesia y la Fe son una sola cosa, mientras que de ese modo la fe y la Iglesia serían una cosa en Roma y otra en Berlín.

"Nueva evangelización" humanitaria
En los últimos años esta supremacía pontificia ha recibido embates todavía más sórdidos que durante el Concilio. Esta grave herida en lo más excelso del Santuario divino sólo se vé enmascarada por el crecimiento de la autoridad moral del Pontífice en el mundo. Pero dicho crecimiento no tiene ningún significado religioso, y carece de toda forma sobrenatural: se venera al Papa como exponente de la idea humanitaria que debe constituir el fundamento del mundo futuro, esa idea humanitaria condenada con tanta fuerza en el Syllabus de Pío IX (1864): "la Iglesia ha de separarse del Estado, y el Estado de la Iglesia" (LV); "en nuestra edad no conviene ya que la religión católica sea tenida como la única religión del Estado, con exclusión de cualesquiera otros títulos" (LXXVII); "el Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, con el liberalismo, y con la civilización moderna" (LXXX).
Sin embargo el Santo Padre parece secundar esta idea, porque habla siempre de un mundo nuevo, gobernado por la justicia, en el cual los pueblos se aman y se respetan en sus distintas y buenas tradiciones, un mundo fraterno y pacífico donde reinan la paz y el bienestar sobre todos los pueblos. Pero ante los jefes de las naciones el Santo Padre no habla jamás de la autoridad de Cristo en su representante sobre la tierra, no habla jamás de Cristo Rey, jamás. El discurso pronunciado en la ONU es un discurso totalmente humanitario; solamente en algún momento se cita de pasada a Cristo, pero por decirlo así, son alusiones formales, de cumplido: el discurso está embebido, e invita a embeberse, de humanitarismo, porque su fin es humanitario.
El Santo Padre habla también de nueva evangelización, pero o bien esta nueva evangelización consiste en repetir la Buena Nueva, o bien consiste en anunciar alguna novedad. La novedad son las proclamas humanitarias, que prescinden de la idea religiosa católica, a la cual sin embargo se refiere la autoridad de San Pablo: "un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (Ef. 4, 5). Por el contrario, la novedad aprueba la religiosidad humana en virtud de la cual todas las religiones merecen respeto, y todas ellas cooperan para bien de la humanidad. Pero si nuestra religión se diluye en el sentimiento religioso universal, es una religión que no existe; nuestra religión, si no es un primum, no es nada, y si no es la luz, se identifica con las tinieblas.

Dogma y moral en las palabras del Papa
El único conflicto con el mundo versa sobre puntos de moral, como la indisolubilidad del matrimonio o el aborto: sobre las Tablas de la Ley en general. Sobre estos puntos el Santo Padre perservera en las posiciones a las que está obligado. Pero como hemos visto anteriormente, en todos los demás, es decir, en las posiciones dogmáticas, va creciendo la disolución de la doctrina en sus propias opiniones.
Los éxitos del Santo Padre a lo largo y ancho del mundo son realmente grandiosos: se movilizan miles de periodistas, tienen lugar encuentros con los grandes de la tierra; el Papa, además, participa como uno más en las reuniones ecuménicas. Y todo esto es importante, porque obrando así Juan Pablo II ha conquistado el mundo: el mundo está hoy embebido de sus ideas sobre ecumenismo, sobre la bondad indistinta, intrínseca e igual de todas las religiones (que todas ex sese conducirían a Cristo), sobre la necesidad de que los pueblos se hermanen conservando sus cualidades tradicionales y sus propias convicciones culturales, etc. Se recibe al Santo Padre con entusiasmo, pero no por ser el Pontífice Romano, sino porque se le contempla como el sumo exponente de esta generalizada mentalidad buena de nuestro mundo.
El Papa sólo manifiesta su especificidad y su peculiaridad como soberano sobre los puntos espinosos de la moral que el mundo niega. Pero los niega sin darse cuenta de ello, y sin que nadie le recuerde que la negación de los puntos morales incluye la negación de los puntos dogmáticos, porque la ley moral es la manifestación del Verbo, es decir, de la Razón divina, Razón divina que se ha encarnado y se llama Cristo. La ley moral remite directamente al Verbo. Por consiguiente la negación de la ley moral es una negación implícita, pero no por ello menos real, del Verbo. El principio de la Iglesia y el principio de todas las cosas se llama Cristo, que es el Verbo encarnado, que es la Razón divina, que expresa la moral natural. La ley moral es una ley racional y es la expresión de la Razón divina: la ley moral es sumamente razonable.
El principio de autoridad del Sumo Pontífice existe en cuanto que su palabra es vicaria de la Palabra divina y expresa la ley moral secundando la Encarnación del Verbo.

Exclusividad de la Revelación
Las verdades que se tambalean en los discursos y las encíclicas de Juan Pablo II son verdades centrales, y por encima de todas ellas se encuentra la verdad basal del Cristianismo: que Dios se ha revelado hic et nunc, aquí [hic] y no allí, ahora [nunc] y no antes. Esta verdad primigenia se pone hoy en duda, como hemos leído en la carta Tertio Milennio Adveniente, en cuyos párrafos se desarrolla la doctrina según la cual "Cristo es el cumplimiento del anhelo de todas las religiones del mundo" (n. 6). Pero el cristianismo no es una respuesta a estas religiones ("dioses -decía la reina Ester- que nada son", Es. 4, 17k), porque el Cristianismo es la Palabra divina revelada solamente al pueblo elegido en un tiempo concreto y en un lugar concreto, como reza el Salmo 147, 20: "no hizo tal a ninguna nación".
De potencia absoluta, Dios puede salvar sin bautismo a cualquier hombre; pero de potencia ordenada no, porque la salvación sin bautismo no es el sistema, no se inscribe en la economía pensada y querida por Dios. La salvación sin el bautismo es excepcional, extraña al sistema, porque no pertenece al sistema, que se articula sobre Cristo y sobre la Trinidad misma de Dios. Cuando se dice que el hombre puede salvarse sin la gracia, sin el bautismo, en virtud de sus obras de hombre religioso, bueno, pío y justo, se entra en el sistema pelagiano. El sistema pelagiano merecería mucha atención de los teólogos modernos, porque el mundo entero se está pelagianizando.

Ruptura de la unidad de la Fe
Sintetizando mucho, la decadencia en autoridad que va desde la autoridad del Magisterio episcopal a la autoridad de los teólogos gira sobre una realidad concreta: el desarrollo por parte del Papa de sus propias opiniones privadas, en detrimento de la doctrina universal, de la Tradición. Pero además de esta realidad, que afecta a la cumbre, existe una segunda realidad, más universal e impalpable, que puede descubrirse en la desistencia del Magisterio episcopal, encogido en todo el mundo ante la prepotencia de las opiniones teológicas más dispares, diversas, y ricas.
Opiniones dispares, porque se llaman "dispares" las cosas que difieren en algo esencial. Opiniones diversas, porque se llaman "diversas" las cosas que difieren en algo accidental. Dos cosas dispares son dos cosas de distinto género; dos cosas diversas son dos cosas que pueden pertenecer al mismo género. Así ocurre también en las opiniones teológicas que pululan en estos últimos treinta años en el mundo católico postconciliar: divergen de la Doctrina una y santa, porque cuando pertenecen a su mismo género se distancian en los accidentes, y porque la mayoría de las veces no son ni siquiera del mismo género que la doctrina, es decir, no tienen esa misma raíz sobrenatural que hace de la Doctrina católica un unicum. Finalmente, opiniones ricas, en el sentido en que los teólogos mismos hablan de riqueza del pensamiento teológico, cuando a él concurren muchas mentalidades, no sólo la mentalidad de nuestra fe, sino también la mentalidad de las "fes" extrañas a ella (protestante, hebrea, budista, islámica, animista, etc.).
Si converge la mirada sobre este trípode de opiniones dispares, diversas, y ricas, en un cierto sentido se puede decir que hoy la Doctrina de la Fe ya no es una: la unidad de la Iglesia debería ser esencialmente una unidad teórica y doctrinal, porque trata de cosas del intelecto, trata de la actividad teorética: no es en modo alguno una unidad simbólica o aparente. Por lo demás, el Santo Padre sostiene que existe una unidad moral entre las diversas religiones, todas ellas ordenadas a la salvación, y en virtud de la cual todas las religiones y las culturas constituyen "idealmente" una unidad sin que exista una unidad doctrinal; es decir, confesando que son doctrinalmente dispares, diferenciándose en los detalles teóricos.
Unidad de fe: a priori, todos nosotros debemos tener la certeza de que lo que piensan los demás cristianos del mundo, y lo que han pensado a lo largo de los siglos, se identifica con nuestras propias creencias. A priori debo tener la seguridad de creer en todo lo que cree cualquier otro cristiano, sin tener que verificar lo que profesa ese otro cristiano. En mi libro Iota Unum, hablando de la infalibilidad, he dicho también que todo cristiano, cuando enuncia una verdad de fe, es infalible. Por ejemplo: Pío IX afirmó infaliblemente que la Virgen María estuvo exenta del pecado original; pues bien, cuando yo digo que la Santísima Virgen estuvo exenta del pecado original, es decir, cuando repito lo establecido por el Sumo Pontífice, soy infalible, no puedo dudar si me equivoco o no.
Esta doctrina pone en evidencia la univocidad de la dotrina de la fe; univocidad, porque muchas voces, millones de voces de miriadas de hombres, profesan y han profesado siempre la única doctrina, que es el Verbo engendrado por la Mente del Padre: "a Dios nadie le ha visto jamás: el Unigénito Hijo, el que está en el regazo del Padre mirándole cara a cara, Él es quien le dio a conocer" (Jn. 1, 18). Por su propia naturaleza la fe es una y unívoca; hoy, sin embargo, existe la fe de los carismáticos, que no es la de los neocatecumenales, que no es la del Card. Ratzinger, que no es la del Card. Martini, que no es la del Papa. Cada cual acude a la radio o a la televisión, escribe en revistas y libros y da testimonio de su fe "particular". Todos estos testimonios, todas estas manifestaciones de fe, tienen en común entre sí el hecho de tener una cierta relación con la fe católica: son opiniones en el ámbito de la fe católica, pero que a la vez disienten de la fe católica. ¿Podemos seguir sosteniendo que estos teólogos son católicos? Santo Tomás nos conduciría a concluir, con grandísima y lógica preocupación, que "el opinar erróneo [sobre "lo que principalmente se nos ha transmitido divinamente"] cae en la herejía, de modo especial si se añade a eso la pertinacia" (I, q. 32, a.4).

Algunos ejemplos
Con treinta años de distancia es posible comprobar hasta qué punto este movimiento ha triunfado a la perfección, puesto que hoy día el pueblo cristiano cree los artículos de fe según la forma divulgada por estos teólogos.
Como se señala también en mi último Zibaldone [miscelánea de pensamientos], he reflexionado sobre una serie de dogmas de fe que ya no cree hoy el pueblo cristiano, precisamente porque los rechaza la teología moderna, en virtud de la cual los dogmas de Fe ya no son creídos hoy según el Credo del Concilio de Nicea.
¿Qué cree hoy el pueblo cristiano sobre el infierno? Cree lo que debaten los teólogos en Avvenire, periódico del Episcopado italiano, o sostienen las imponentes transmisiones radiofónicas de Radio María: a saber, que el infierno no existe; que, si existe, es una forma de castigo que se va atenuando; que tal vez ni siquiera Judas se condenó, porque quizás se arrepintió su alma en el último momento; y que por consiguiente debe creerse que el infierno probablemente está vacío. Sin embargo, por ejemplo, en una homilía San Gregorio Magno daba por certísima la presencia en el infierno de Herodes Agripa: "luego al punto le hirió un ángel del Señor, por cuanto no había dado gloria a Dios, y, roído de los gusanos, expiró" (Hech. 12, 23).
¿Qué creen hoy los cristianos sobre el Génesis? Creen que se trata de un relato simbólico; todos los cristianos están hoy de acuerdo sobre este punto, despreciando una sentencia de la Pontificia Comisión Bíblica de 1906, que confirmaba con autoridad el carácter histórico de la sagrada narración del Pentateuco.
¿Qué piensan hoy los cristianos de la Eucaristía? Que la Eucaristía consiste en la presencia real del pueblo cristiano, porque el silogismo innovador se construye sobre las siguientes premisas: la Eucaristía es el sacramento en el cual está presente el Señor; pero el Señor que está presente es místicamente el mismo pueblo cristiano; luego el pueblo cristiano está presente en la Eucaristía. La opinión común admite hoy, sí, la Eucaristía como sacramento en el que está presente el Señor: pero el Señor que está presente es el mismo pueblo cristiano.
¿Qué creen hoy los cristianos sobre la predestinación? Es preciso señalar en este punto la deformación completa del concepto de predestinación, porque los teólogos modernos que todavía hablan de él lo entienden como una previsión de las cosas en el hombre, no como la determinación de las cosas en el hombre por parte de Dios. Ahora bien, se trata de una falsificación importante, porque la predestinación, al constituir la parte que corresponde a Dios en el designio de salvación eterna de los hombres, desde el bautismo a la gloria, concierne a nuestro fin último, y nuestro fin último es la cosa más importante que atañe al hombre. Si falsificamos el fin del hombre, ¿qué queda del hombre?
Así pues, se confirma que se ha impuesto la praxis puesta en marcha después del Concilio, invirtiendo las opiniones generales en la cristiandad. Después de treinta años, no puede sino reconocerse que esta tendencia ha triunfado.
La fe católica se ha desmenuzado en miles de opiniones sobre los Novísimos, sobre la virginidad de María, sobre la presencia real en la Eucaristía, sobre los sacramentos, sobre la Iglesia, sobre el Primado de Pedro, e incluso sobre la Trinidad. No hay artículo del Credo, del Símbolo de la fe que todos los domingos se profesa en la Misa, que no sea alcanzado por opiniones, y opiniones proferidas a pesar de la firmeza absoluta de sus artículos, y contra dicha firmeza. Por consiguiente el cristiano pierde la fe, porque pierde la unidad: una fe que no sea una, no existe. Esta dispersión en las opiniones significa la disolución de la fe.

El olvido del principio de contradicción
En la Summa, la dispersión de lo uno en lo múltiple, en cuanto a la verdad, está bien concretada y reconocida: "el objeto de la infidelidad es la Verdad primera, en cuanto que se aparta de ella; su objeto formal, en cambio, al que ella tiende, es la opinión falsa que sigue, y esto da lugar a su diversidad de especies. De ahí que, como es una sola la caridad que nos une al sumo bien, y son, por el contrario, diversos los vicios opuestos que nos apartan de él, dirigiéndonos a distintos bienes temporales, y esto, a su vez, según las relaciones diversas de oposición a Dios, así también la fe es una sola virtud por su relación a sola la verdad primera; son, en cambio, muchas las especies de infidelidad, ya que los infieles siguen opiniones falsas diferentes" (II-II, q.10, a.5, ad.1).
La única diferencia es que quienes niegan hoy los artículos de fe profesados el domingo por la mañana en Misa, ya no lo confiesan, ya no lo dicen: ayer eran los arrianos, los donatistas, los sabelianos; luego, los luteranos, los calvinistas, los valdenses. Hoy los herejes siguen siendo tan católicos como los católicos, porque ya no existe el pavor a la contradicción, el pudor en la distinción entre las cosas católicas y las cosas no católicas.
La contradicción es algo profundo, más bien es uno de los primeros principios, y es la cosa más profunda del ser porque se encuentra en la más estrecha relación con el ser. Si el ser es profundo, es decir, si es un primer principio, su contradicción, su negación, es igualmente profunda, es igualmente primaria. Cuando nos hallamos en este orden de reflexión, estamos en lo más profundo: no se puede ir más allá. Por tanto, convendría tener reparos, temor, pavor a la contradicción. Hoy, por el contrario, la contradicción no causa terror: vamos a su encuentro, la acogemos, la abrazamos; todo puede encontrarse en todo, y los no católicos también son católicos.

Credere Deo, credere Deum, credere in Deum
San Agustín distingue en el acto de fe tres conceptos: credere Deo [creer por Dios], credere Deum [creer a Dios], credere in Deum [creer en Dios]. En cuanto a estos tres aspectos del acto de fe cristiano, ¿en qué posición se encuentran hoy los teólogos que opinan sobre el tema? Me parece que el concepto que se desvanece es el concepto de Dios como cosa creída: credere Deum; es decir, desaparece Dios como materia de fe. Por el contrario, "credere in Dio" ¿¿?? ¿"credere in Deum"? ¿creer a Dios?, es decir, confiarse con un movimiento del espíritu a la voluntad de Dios, es cosa que también sostienen los teólogos modernos; sobrevive aquí el concepto fiduciario de la fe, el más afín al concepto de fe de los luteranos, para el cual "se procede hacia ¿llega hasta? Dios creyendo", como dice Santo Tomás en la Summa (II-II, q.2, a.2), y "de la fe se encarga ¿¿?? la caridad". Pero si no creo en Dios, menos aún creo a Dios. De hecho, si no creo en la existencia de Dios tal como se anuncia en el Símbolo niceno-constantinopolitano, ¿cómo podré creer en la fuerza de su Autoridad?
El fruto de la transferencia de la autoridad didáctica de la Iglesia, desde la Jerarquía del Magisterio al conjunto de los teólogos, es la decadencia de la Autoridad Primera a la cual éstos deberían creer: es la disolución de la Autoridad, creyendo a la cual se especifica la fe, porque la causa de la fe es "creer lo que ha dicho Dios". En efecto, si se duda de la existencia providente de la Autoridad, no se podrá creer con certeza que las Escrituras tengan su origen en ella, y de hecho hoy las Escrituras se leen como un género literario análogo al de las tradiciones islámica, hinduista, o judía: como una tradición humana. Dios no es su causa sino su fruto, su consecuencia.
Pero todos los teólogos creen lo que creen solamente en virtud de lo que sus razonamientos y sus opiniones les autorizan a creer: toda la autoridad está ahí. No es la Autoridad sobrenatural quien se desvela y conduce a creer más allá de la razón, sino una autoridad razonable, reflexiva, científicamente demostrable.

La herejía consiste en la "elección" en materia de Fe
En una cuestión de la Summa (II-II, q.5, a.3) Sto. Tomás se pregunta "si el hereje que rechaza un artículo de fe puede tener fe informe de los otros artículos". La respuesta es negativa, porque los artículos de fe se creen en cuanto revelados por Dios, y el hombre no puede discernir artículo por artículo, y rechazar un artículo aceptando sin embargo los demás, porque obrando así ha renegado ya del principio de la fe, en virtud del cual todos los artículos de fe se creen "porque han sido revelados". Si se excluye uno, es porque se entiende que ése no ha sido revelado, ofendiendo al principio general de la fe, que no está en el hombre, sino fuera de él. Santo Tomás enseña muchas veces que la causa formal de la fe es precisamente la veracidad de Dios.
Hoy el hombre sólo quiere creer lo que alcanza a comprender; de ese modo la fe hunde sus raíces en el hombre y las arranca de donde deben permanecer: en Dios, en Cristo Jesús, en el Verbo que se revela, como recuerda el Apóstol: "no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz a tí" (Rom. 11, 18).
Generalmente se pasa por alto el significado del acto de fe. Se piensa que "creer" constituye una conducta psicológica arbitraria. Muy al contrario, "creer" supone la inmolación del principio supremo del hombre; no podemos realizar un sacrificio más elevado, porque si bien sacrificar los sentidos tiene ciertamente valor, sacrificar el intelecto, que es la parte suprema del hombre, es una acción casi increíble: sólo puede cumplirla la fuerza de la Gracia. La prepotencia de la razón particular se revela en la pretensión de escoger: "esto no lo creo, porque no me parece razonable ni posible; sin embargo esto lo creo, porque lo encuentro razonable o posible". La naturaleza de lo herético puede explicarse, como toda palabra, mediante la etimología. Herejía es un vocablo de origen griego que proviene del verbo airùmai, que quiere decir "tomo, escojo": la herejía es una "elección" de las cosas que se creen. Esta elección se hace en función de un criterio individual, mientras que todos los artículos de fe deben creerse simplemente porque son revelados.
La función de la teología es clarificar y articular bien lo que creemos. Si creemos, por ejemplo, en la Inmaculada Concepción, la teología debe aclarar el concepto de "inmaculada" y el concepto de "concepción", es decir, debe proporcionar múltiples aclaraciones sobre todos los elementos del dogma, para que el dogma sea desvelado en su completitud y profundidad. En el lado opuesto, los teólogos innovadores, los de la nueva evangelización, se basan sobre el principio de que aquello que creemos debe ser inteligible y racional, y para buscar ese elemento de inteligibilidad niegan la sustancia de la fe. Si por ejemplo alguien cree entender el dogma de la Inmaculada Concepción, es un hereje, porque desea entender algo que, siendo por naturaleza suprainteligible, no puede ser comprendido. Si alguien pretende entenderlo y resolverlo en su propia racionalidad, se convierte en herético, porque niega el orden sobrenatural, niega el orden de la fe.

Las causas
¿Existen causas para toda esta disolución de la doctrina en opiniones, para esta transferencia de la enseñanza desde la autoridad episcopal a las luces privadas? Existen las causas generales morales de todo acto: unos lo hacen por soberbia, otros por envidia, otros por cualquier otro motivo irracional; las causas de esta nueva teología son las causas de cualquier aberración del espíritu. Por tanto, sería preciso indicar la causa de cada una de estas causas: ¿por qué uno se hace envidioso? ¿por qué uno se vanagloria y desea destacar? Sería precisa una referencia al diablo. San Gregorio Magno concluía así: "las extravagancias de los innovadores nacen de la vanagloria"; y Santo Tomás recuerda dos veces esta sentencia de San Gregorio precisamente en las cuestiones concernientes a la incredulidad (II-II, q. 10, a. 1).
Sin embargo, en nuestro caso las causas generales no son causas que se puedan concretar, donde se pueda señalar con el dedo aquí y decir "son éstas", o señalar con el dedo allá y decir "son aquéllas". Es el espíritu del mundo, el espíritu del mundo que ha asaltado y penetrado la Iglesia. No se puede indicar un hecho como causa, porque todos los hechos particulares que pudiéramos señalar son ya expresión de ese hecho genérico que, en cuanto genérico, ni siquiera puede denominarse hecho. La sustancia del mundo no se identifica todavía con la sustancia de la Iglesia, pero la ha corrompido y continúa corrompiéndola. ¿Cuál será la conclusión de este proceso? Eso es un secreto escondido en el corazón de Dios.
Las causas genéricas o difusas son la manifestación y la difusión de las causas individuales. Esta atmósfera de error no tiene otra causa que el individuo que yerra, y el error de los individuos es debido a alguna de esas causas comunes propias de la vida moral.

La primacía del Verbum, de la Verdad, del intelecto
Una noche, hace poco tiempo, tuve un sueño. Me encontraba ante el umbral, y el Santo Padre Roncalli (Juan XXIII) lo ocupaba. Había otras personas, que sin embargo yo no podía distinguir. Oí que al volverse a él le llamaban Santidad. En un cierto momento, yo hablé claramente y en voz muy alta, para decir estas palabras: "Santidad, hay algo de lo que el mundo tiene tanta necesidad... tanta, tanta, tanta, tanta [lo dije cuatro veces]: el intelecto, el intelecto, el intelecto, el intelecto [también esto lo dije cuatro veces]. Sin embargo hoy sólo nos predican el amor, ignorando que el Espíritu Santo procede del Verbo, es decir, el Amor procede de la Razón. De esta Razón, Santidad, nuestra religión, o nuestro sacerdocio, ya no hacen mención alguna". Cuando concluí, el Santo Padre, que tenía un libro en la mano, entró dejándolo sobre una mesa.
El primum es el intelecto. He dicho el intelecto, pero podría también decir la razón. Este sueño encubre una doctrina, una doctrina que desprecian hoy los hombres de Iglesia: la doctrina según la cual el primum no es el amor, sino el intelecto; no la voluntad, ni el movimiento, ni los impulsos, ni la piedad, sino la razón, el conocimiento, la verdad, la contemplación, el pensamiento, la idea, el Verbum.
Hoy los teólogos innovadores ya no sostienen como primum el Verbo, sino el Amor. Pero obrando así no puden sostener el Amor en su verdad, y el amor que sostienen es un amor falsificado: si el Amor pierde su relación esencial con la Razón, que es una relación de procedencia, el Amor mismo se desnaturaliza. El amor sin reglas confunde el amor de sí mismo con el amor a los demás y con el amor a cualquier cosa. Porque es precisamente el Verbo quien lo determina, es el Verbo quien establece el límite, el fundamento, el horizonte; el amor, por el contrario, es por sí mismo incapaz de cualquier determinación. Por consiguiente el Amor debe tener siempre una referencia a una cosa anterior al Amor: como un río, debe discurrir por su cauce, sin desbordarse, porque si no las mismas aguas saludables se convertirán en mortales. El Amor procede del Verbo, y su medida es el Verbo.
Romano Amerio

Fonte: Stat Veritas

8 comentários:

Rodolfo Plata López disse...

La controversia entre la fe y la razón.
San Pablo fue un caballo de Troya enviado por el Sanedrín para infiltrar el movimiento cristiano y mantenerlo sujeto a la Sinagoga. Desde entonces el talón de Aquiles de la doctrina de la Iglesia ha sido el profetismo judío. En estos momentos en que la Iglesia agoniza ante el mortal ataque de sus eternos enemigos, el liderazgo pontificio del helenismo secular cristiano que abrogue el Antiguo Testamento de nuestra fe, será en lo futuro el liderazgo de una Iglesia triunfante. Benedicto XVI, tiene la oportunidad histórica de salvar a la Iglesia y al cristianismo, pero se comporta como cripto judío. La reciente trilogía Encíclica sobre la caridad, la esperanza y la verdad, son sintomáticas de un pontificado intimidado por los continuos e intensos ataques de propios y extraños, no solo contra la Iglesia, la doctrina milenaria y la autoridad pontificia, que son promovidos encubiertamente desde la Sinagoga; lo cual explica el reduccionismo absurdo de Caritas in veritate al promover los valores mínimos de la ley natural y la convivencia social para barnizar de humanista el modelo socio económico actual, dejando de lado los valores máximos de la trascendencia humana y la sociedad perfecta que promueven la justicia social y el desarrollo espiritual de la humanidad mediante la practica intensa del altruismo, el misticismo y el activismo social.

El perfil moral del humanismo secular tiene una banda muy ancha debido a la ausencia de dogmas pero no de principios que enaltezcan la dignidad humana. Su mayor virtud es la búsqueda intensa y apasionada del bien y la verdad, utilizando la razón y el libre pensamiento. Porque la sabiduría y la bondad son el norte que orienta su vida y sus actos, para encontrar la salida a los laberintos mentales que mantienen perpleja a la humanidad en el oscurantismo medieval religioso, utilizando el pensamiento crítico. El humanismo secular y su etiqueta de ateo, se debe a que los libre pensadores, concientes de la dignidad humana estamos en contra de la manipulación y enajenación que promueve la religión organizada, y seguimos la directiva que expuso Protágoras al analizar el ethos y el pathos de los dioses del Olimpo y caer en cuenta que las narraciones sagradas eran una mitología producto de la fantasía humana, a fin de explicar los portentos. Conclusión que lo llevó a señalar que el hombre es la medida de todas las cosas, abrogando el culto a los dioses del Olimpo, aún el dios desconocido. A partir de entonces, los pueblos herederos de la cultura helénica intentamos construir un mundo mejor cimentado en la ciencia, las humanidades y la educación laica de las multitudes en los valores del humanismo secular que tiene como polos la trascendencia humana y la sociedad perfecta, a fin de desarrollar las potencialidades interiores ejercitando el altruismo y el activismo social intensos, imitando a Cristo.

El movimiento secular cristiano iniciado por los sabios alejandrinos en el primer siglo, tiene su raíz en el misticismo secular helénico practicado antes de Cristo por cínicos epicúreos y estoicos. Comprende solo los valores espirituales que enaltecen la dignidad humana, dejando de lado los relatos de las divinidades y el culto. Es decir no solo reconoce la importancia de la dimensión espiritual humana sino que promueve la divulgación del conocimiento espiritual, a fin de que la humanidad trascienda el subdesarrollo espiritual en el que se encuentra, a causa de los errores de la fe; y por ello, desde un punto de vista aquo, utiliza la razón para disolver los fundamentalismos perniciosos de creyentes y ateos, mediante un juicio justo. En un principio el cristianismo fue un movimiento laico.

Rodolfo Plata López disse...

La Epístola apócrifa de los Hechos de Felipe, expone al cristianismo como continuación de la educación en los valores que persigue alcanzar la paideía griega, promovida por los sabios alejandrinos que fueron los primeros en percatarse del movimiento secular cristiano cuando unos griegos se entrevistaron con Cristo (Jn XII, 20 al 24). Posteriormente enviaron al medico Lucas a dar testimonio escrito de los portentos, vida, ejemplo y enseñanza de Cristo, a fin de dar fe que es cierta la teoría de la trascendencia humana formulada por Aristóteles al abordar el problema del alma truncada que sostiene que el hombre puede trascender a sus propias limitaciones si practica las virtudes opuestas a sus defectos hasta alcanzar la supra humanidad. A partir de entonces, los pueblos helénicos siguieron el movimiento cristiano como el mejor modo de alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta que pretende la paideía griega; por ello lucharon por helenizar el cristianismo a fin de estructurar la fe conforme a la razón. Lo cual propició el choque entre culturas ante la oposición radical e intransigente de los príncipes de la sinagoga tendente a evitar que se helenizara el cristianismo para judaizar el cristianismo y mantenerlo sujeto a los intereses judíos. Separando la fe de la razón __cuya unión inseparable, Cristo había revelado metafóricamente al ciego de nacimiento (Jn IX, 39)__ Provocando en los pueblos cristianos la estulticia generalizada y la entronización del oscurantismo, al olvidar las raíces helenistas de nuestra cultura; lo cual ha convertido las Iglesias en sinagogas, los sacerdotes en rabinos, los cristianos en siervos del gobierno mundial judío, y el judeo cristianismo en religión chatarra. Así el movimiento cristiano dejó de ser laico y dejó de perseguir los fines últimos de la paideía; y por ello, no hemos alcanzado la sociedad perfecta ni la trascendencia humana.

El triunfo del judeo cristianismo sobre el incipiente helenismo cristiano es eminente, debido a que el progreso de las ciencias y las humanidades, amenaza con derrumbar la doctrina medieval de la iglesia; por ello, los emisarios de la Sinagoga, han promovido la lucha intestina entre conservadores y modernistas, para abrogar sutilmente la doctrina milenaria de la Iglesia tratando de adecuar el discurso de la Iglesia a los tiempos modernos, pero sin criticar el profetismo judío. Ante esta situación, 1) los esbirros de la Sinagoga pretenden terminar de judaizar el cristianismo, abrogando de nuestra fe el dogma de la divinidad de Cristo, el dogma de la Santísima Trinidad, el dogma de la Nueva Alianza, convirtiendo a Cristo en un profeta menor de Israel, testigo de Jehová. 2) los helenistas cristianos pretenden actualizar la doctrina de la Iglesia estructurando la fe conforme a la razón: sacralizando la doctrina y la teoría de la trascendencia humana y la sociedad perfecta predicada por Cristo. Abrogando de nuestra fe el Antiguo Testamento por ser una mitología oscurantista y enajenante; lo cual abrogaría la Reforma Protestante, uniría la religión y la ciencia, y uniría las Iglesias en Cristo. Y para lograrlo, solo es necesario criticar el profetismo judío enmarcando científicamente la controversia entre la fe y la razón en el fenómeno espiritual de la transformación humana, utilizando los principios universales de la filosofía y la ciencia de conocimiento espiritual, a fin de deslindar del camino ecuménico y hacer objetiva la desviación del cristianismo hacia la ecumene Abrahán-ica que nos conduce al precipicio de la perdición eterna. 3) el humanismo secular pretende prescindir de la religión organizada, convirtiéndolo en un humanismo secular cristiano, con catedrales en las universidades, institutos, fundaciones altruistas y voluntariados.

Rodolfo Plata López disse...

Los libre pensadores defensores de Cristo, la Iglesia y de las raíces greco-romanas de nuestra cultura, apostando por el helenismo cristiano, criticamos el profetismo judío aportando los elementos de juicio que justifican la abrogación del Antiguo Testamento de nuestra fe. La crítica al profetismo judío puede abordarse por diversos procedimientos. El más polémico, es la revisión jurídica de la sentencia dictada por Cristo en su diatriba contra el puritanismo hipócrita de los sacerdotes y escribas de la ley, señalando como reos de pena eterna a los seguidores de la doctrina (ethos supremaciíta) y ejemplo (pathos avasallante, criminal y genocida serial) judíos. Debido a que S. S. Juan Pablo II difiere de esta sentencia culposa opinando que los judíos son nuestros hermanos mayores en la fe. Los otros procedimientos son los siguientes:

• Enmarcando la disertación científica en el fenómeno de la trasformación humana abordado por la doctrina y la teoría de la trascendencia humana: conceptualizada por la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo, y sus jornadas descritas metafóricamente por los poetas místicos del Islam,; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las conclusiones comparables de la ciencia: (psicología: logoterápia), congruencia que da certidumbre a nuestros juicios de valor.
• Enmarcando la disertación filosófica en: “el deslinde del camino ecuménico que tiene como polos la trascendencia humana y la sociedad perfecta. Utilizando los principios universales del saber filosófico y espiritual como tabla raza, a fin de hacer objetivo el desvió del cristianismo hacia la ecumene Abraham-ica demarcada por los convencionalismos de lo que es sagrado para de Israel” (su territorio, su pueblo, sus ancestros, Jerusalén, el templo, y el libro de Israel), conducidos por San Pablo para que los hijos de Israel seguidores de Cristo siguieran siendo Israel, y los gentiles cristianos ayudaran a Israel a llegar a ser la principal de las naciones; y para perpetuar el error separó la fe de la razón: (1ª Corintios I, 17 al 27), e indujo el error fundamental (2ª Timoteo 16, 17) que nos lleva a conclusiones falsas que nos confunden, conflictuan, enajenan y deshumanizan, polarizando la sociedad en explotadores y oprimidos. Convirtiendo en paradoja el cuestionamiento sobre la relación entre la fe y la razón planteado por los helénicos a San Pablo en el Areópago, lo cual ha mantenido perpleja a la humanidad en espera de una respuesta satisfactoria
• Enmarcando la disertación jurídica en la revisión del diferendo pontificio {opuesto a la sentencia dictada por Cristo [Mateo XXIII, 1 al 35] en su crítica a la utopía judía señalando como reos de castigo eterno a los seguidores de la doctrina (el ethos) y la conducta (el pathos) de Israel -VS- la honorable opinión de Su Excelencia Juan Pablo II señalando a Israel como hermano mayor en la fe} a la luz de los hechos bíblicos e históricos; para demostrar que sigue vigente el ad quem recurrido y el diferendo es una apostasía mayor tendente a judaizar el cristianismo
• Dejando al descubierto las implicaciones educativas, judiciales, morales y religiosas del latrocinio de tracto continúo en que incurren las iglesias y organizaciones religiosas al encubrir tendenciosamente el error fundamental; así como el interés jurídico y competencia del Estado para conocer y juzgar este relevante asunto, en razón del severo daño moral causado a la sociedad.

Rodolfo Plata López disse...

CRITERIO DE VERDAD UTILIZADO AL EXPONER LA TEOLOGÍA A LA OBJETIVIDAD CIENTÍFICA, A EFECTO DE DESLINDAR EL CAMINO ECUMÉNICO Y DIRIMIR LA CONTROVERSIA QUE SE DA ENTRE “LA FE -VS- LA RAZÓN”, DIFERENCIANDO EN LOS TEXTOS BÍBLICOS SI O NO SON CUESTIONES ESPIRITUALES:
El Procedimiento se inicia: adoptando un punto de vista neutral hacia las cuestiones a juzgar, apartando momentáneamente nuestra mente del testimonio de los sentidos, sometiendo los textos sagrados, los hechos bíblicos y sus expectativas: (los dogmas, las concepciones y las convicciones) al escrutinio de la razón, utilizando como herramienta de discernimiento: la duda y la prueba como sistema __`los conceptos, los principios y los planteamientos existenciales de la filosofía clásica y moderna´, y ‘las respuestas de las ciencias a esos planteamientos: los modelos y teorías, los procedimientos y las conclusiones comparables de las ciencias experimentales: (la ciencia jurídica, la ciencia medica, la psicología´__ a efecto de identificar las congruencias, identidades o constantes universales detrás de la diversidad de creencias en sus múltiples aspectos, origen de todas las concepciones intuitivas, filosóficas y religiosas, diferenciando las cuestiones relacionadas con el mundo del espíritu: (el existir), de las que son de este mundo material: (el devenir), a efecto de reducir nuestro universo de ideas mediante el análisis y síntesis de las descripciones neutras de las experiencias espirituales, las explicaciones y las aplicaciones sapienciales del fenómeno de la trasformación humana, a fin de atenuar las barreras que separan a los pueblos por cuestiones de fe:
• En segundo lugar, habiendo puesto todo en duda, se comparan cada uno de los elementos constitutivos de la triada preteológica utilizando los principios universales del saber filosófico que cimientan los criterios jurídicos de prueba, para diferenciarlos atendiendo a los principios lógicos de: causalidad, certidumbre, coherencia, finalidad, identidad, objetividad, racionalidad, sincronía, y no-contradicción, que relacionan el todo y las partes, las premisas y las conclusiones, los fines y los medios, el ethos y el pathos, las intenciones y las acciones, los actos y sus consecuencias, los principios y los procedimientos, el derecho natural y las normas jurídicas, en sus diferentes aspectos y características. La aplicación metodológica de todos y cada uno de los principios de prueba sirve de elemento de juicio a nuestras conclusiones, vg:
• Atendiendo al principio de finalidad y la congruencia entre los fines y los medios, el ethos y el pathos: __La finalidad de la doctrina trascendente de Cristo es la de alcanzar la sociedad perfecta inculcando a sus seguidores el perfil de humanidad perfecta, mediante la practica intensa del amor misericordioso-VS- la finalidad de la doctrina supremaciíta de Israel es alcanzar la supremacía de las naciones ensalzando antivalores como si fueran valores dictados por Dios para sin escrúpulo alguno someter a los individuos, los pueblos y las naciones__ visualizando este antagonismo nos damos cuenta que se trata de dos doctrinas diferentes, totalmente opuestas: el espíritu, el humanismo, la trascendencia humana y la sociedad perfecta -VS- la materia, el supremacismo, el imperialismo y el sometimiento perfecto.

Rodolfo Plata López disse...

La trascendencia humana tiene como finalidad trascender el dolor y el sufrimiento, trascender las limitaciones de los sentidos, trascender los contenidos y los procesos normales de la mente, trascender los estadíos alterados de conciencia hasta alcanzar a la paz, trascender la conciencia hasta alcanzar la supra-conciencia, mediante la disciplina mística y la terapia -VS- El supremacismo imperial judío tiene como finalidad sometimiento de individuos, pueblos y naciones sin importar los medios que se utilicen: el chantaje, el engaño, la difamación, el despojo, el acaparamiento y encarecimiento de bienes y servicios, la mentira, la tortura física y mental, la violencia, el crimen o el genocidio. Ideología que es seguida por los imperios, los gobernantes y los potentados para perpetuarse en el poder, y preservar sus inmensos privilegios sometiendo por hambre, miedo o terror, a sus semejantes.
• En tercer lugar atendiendo a las causales que originan las religiones y su relación con las inferencias erróneas de la fe que no llevan a igualar los contenidos y las formas de dos universos distintos, teniendo en cuenta que las religiones tienen su origen en la tríada pre-teológica integrada por la fenomenología o descripción neutra de la experiencia __la explicación de la experiencia y la aplicación terapéutica del fenómeno espiritual__ se procede a identificar a que elemento de la tríada preteológica se refieren los relatos teológicos, para estar en posición de dictaminar: si o no, las premisas que sirvieron de base para llegar a las conclusiones teológicas, concuerdan con las cualidades de los elementos la triada preteológica expuestos en los textos bíblicos, así:
I) La descripción neutra de la fenomenología de la experiencia mística o primera premisa preteológica, nos permite analizar sus características fenomenológicas reveladoras de los contenidos profundos de la mente, la conciencia individual, la conciencia colectiva y la metaconciencia; y son: atemporales, vivénciales, contestatarias de nuestras problemáticas intensas y cuestionamientos existenciales, holográficas, inducibles, inesperadas, integralmente relacionadas (entorno, cuerpo, mente y espíritu), instructivas, interactivas, introspectivas, meta concientes, meta dimensionales, meta-sensoriales, poder plasmante, poder de trasformación. Su análisis nos permite diferenciar -las cuestiones espirituales, de las cuestiones sagradas-, -los principios universales del conocimiento filosófico y espiritual, de los convencionalismos sagrados de Israel-,-los fenómenos espirituales, de los fenómenos naturales-; y así poder inferir o darse cuenta:
1): `si o no´ la descripción neutra de las experiencias extáticas, es una respuesta interior de nuestro espíritu o sentido de unión que sigue las directrices del bien y el discernimiento en alguna de sus facetas, como son la bondad, la belleza, la sabiduría, y la justicia, y concuerda con las características de lo real que las lleva a ser verdades universales, genéricas, unitarias y trascendentes;
2) `si o no´ se trata de una respuesta interior de nuestro ego, personalidad o sentido de separación, cuyas directrices son el deseo y la aversión en cualesquiera de sus facetas, como son la avaricia, la beligerancia, los celos, la codicia el desprecio, el desenfreno, la envidia, la intolerancia, la gula, la lujuria, la pereza, la venganza, etc.; y solo tiene significado para un fin y comunidad particular.

Rodolfo Plata López disse...

3) `si o no´ el cuestionamiento o problemática que indujo la respuesta de nuestra estructura interna, es una `cuestión existencial como el juicio final, la vida antes y después de esta vida, la común unión de todos los seres y las cosas, el renacimiento, el sufrimiento, la enajenación, la degradación humana´, etc. __una `cuestión intelectual vg. como la ley de la relatividad´ __o una `cuestión de este mundo como el anhelo una innumerable descendencia, el anhelo de riqueza y poder posesionándose de la península del Sinaí, el anhelo de la supremacía de Israel entre las naciones, manipulando el nombre de Dios para gobernar y unir las doce tribus de Israel en un solo pueblo, atribuyéndole a Dios la autoría de las leyes de la guerra para someter y despojar las naciones gentiles´
III) Las aplicaciones de la fenomenología y de sus explicaciones, o tercera premisa preteológica, nos permiten indagar o caer en cuenta:
1. `si o no´ la aplicación o enseñanza sapiencial que se derivó del fenómeno espiritual: es instructiva, ilustrativa y edificante, y cual es su significado para la vida eterna, como la práctica de las virtudes opuestas a nuestras imperfecciones que prescribiera Aristóteles para solucionar el problema del alma truncada, que concuerda con la directiva que indicó Cristo a sus seguidores: `sed perfectos, como mi Padre es perfecto´, directriz que nos orienta hacia el estadío de la trascendencia humana, lo cual explica la trasformación que sufrieron los apóstoles que de rudos pescadores se convirtieron en médicos de almas siguiendo el ejemplo y doctrina de Cristo, y la trascendencia humana de Cristo patente en su bondad y sabiduría plena, y el ejercicio de los poderes del espíritu que emergen después de la disolución del ego y el renacimiento mediante la vida continua en el bien y la verdad__o por lo contrario se trata de enaltecer anti valores santificándolos atribuyéndolos a ordenes de Dios, como: la ley del talión, el Canto de Lamec, o las leyes de la guerra dictadas por Moisés.
2. Lo cual nos obliga a satisfacer el principio de objetividad siguiendo la máxima de Cristo `Por sus frutos conoceréis al árbol´ atendiendo a las cualidades características espirituales de Cristo, señaladas por San Juan a los Partos en su 1ª Epístola capitulo IV __discriminando `si o no´ el perfil de humanidad perfecta reflejo en la vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo, fue el perfil que inculcó a sus apóstoles y seguidores a fin de alcanzar la felicidad o buena aventuranza de la vida y la felicidad eterna__ es el mismo que el perfil egoísta de los patriarcas y profetas de Israel que inculcan a sus seguidores la falta de escrúpulos a fin de conseguir sus metas supremaciítas.
3. Y nos obliga a satisfacer el principio de certidumbre averiguando la vigencia del ethos judío a lo largo de la historia de Israel entre las naciones, objetivo en las leyes y directrices de la Torah a la luz de las reinterpretaciones cotidianas de sus seguidores: (Talmud de Babilonia, el Mishná, la Halaja); y averiguando la vigencia del pathos judío a la luz de la aplicación práctica del ethos a lo largo del la historia de occidente promoviendo herejías y complots contra la Iglesia, a fin de abrogar la fe en Cristo y su doctrina; y promoviendo complots y revoluciones en los Estados cristianos a fin de someterlos, implementado programas y directivas para hacer realidad la supremacía de Israel sobre todas las naciones; lo cual nos ayuda a confirmar la procedencia de la sentencia condenatoria que dictara Cristo en su magistral diatriba contra la hipocresía y puritanismo de los fariseos y sacerdotes de Israel, señalando como reos merecedores de pena eterna a los seguidores de la doctrina de Israel: (el supremacismo) y su conducta (criminal y genocida).

Rodolfo Plata López disse...

Para contrastarlos con el ethos y pathos que Cristo quiso inculcar a sus seguidores imitando Su vida, ejemplo y doctrina, patente en algunos pocos de sus seguidores: (los apóstoles, los mártires y santos cristianos (san Francisco de Asís, Teresa de Calcuta, etc,), que dieron origen a las instituciones altruistas (la cruz roja, los hospitales, orfanatos, asilos, la educación y la beneficencia pública); porque lo que abunda son los anti testimonios, debido a la dualidad de nuestro modo de ser; ya que seguimos el ethos y pathos judío sin darnos cuenta que no seguimos a Cristo sino a Israel. La bondad de la doctrina de Cristo se confirma señalando su congruencia con el bien y la verdad en todas sus facetas que son las directrices eternas del espíritu, y la universalidad de su mensaje se confirma señalando su congruencia planteamientos existenciales de la filosofía clásica y moderna, y las conclusiones comparables de la ciencia: (logo terapia” formulada por Víctor Frankl y muchas prácticas psico terapéuticas), que sustancian la teoría de la trascendencia humana.
4. La congruencia entre la doctrina y la teoría de la trascendencia humana, nos da la confianza que la instrucción de la doctrina de la trascendencia humana expuesta por Buda en la Enseñanza de la Cuatro Nobles Verdades, es una misma cosa con la ilustración de la doctrina de la trascendencia humana expuesta en el ejemplo y enseñanzas de Cristo. Esta identidad y congruencia de los principios, medios y fines de la doctrina, la teoría y la práctica, nos da la evidencia del universalismo y bondad de la doctrina de la trascendencia humana ilustrada por Cristo -VS- la malignidad del egoísmo supremaciíta expuesto en los convencionalismos sagrados de Israel; lo cual nos da los elementos de juicio necesarios para revisar el diferendo pontificio que se dio cuando Su Excelencia Juan Pablo II, opinó que los judíos son nuestros hermanos mayores en la fe, revocando la sentencia de Cristo que señala a los seguidores del ethos y el pathos judío como reos merecedores de pena eterna, y revocando la doctrina milenaria de la iglesia que se dieron en los Concilios en defensa del cristianismo ante los continuos ataques judíos.
5. Y después de haber indagado el fondo del asunto utilizando los principios integrantes de un criterio de verdad que nos sirven para discriminar y diferenciar las cuestiones existenciales relacionadas con la fenomenología espiritual, de las meras conjeturas y e interpretaciones tendenciosas que nada tienen que ver con el mundo del espíritu. Contamos con los elementos de juicio necesarios y suficientes para llegar a una conclusión dictaminando si la vida, ejemplo y doctrina es semejante o opuesta a la vida, ejemplo y doctrina de los patriarcas, sacerdotes, reyes y jueces de Israel; lo cual nos permite ordenar, resumir, separar y visualizar objetiva y claramente dos conjuntos o dominios antagónicos, respecto a los principios, los medios y los fines que persigue la ilustración de la doctrina de la trascendencia humana expuesta por Cristo mediante su vida, ejemplo y enseñanzas __VS__ las directrices, los medios y los fines que persigue la ideología supremaciíta de Israel contenida en los hechos criminales y genocidas de los ancestros de Israel y sus semillas, a tribuidas a designio divino sin que sean cuestiones espirituales.

r disse...

Hallazgo de la razón: Agotado el procedimiento propuesto al haber diferenciado las congruencias e incongruencias que se dan entre: la fe y la razón, caemos en cuenta del error fundamental del cristianismo inducido por San Pablo: [2a Timoteo III, 16,17], para judaizar el cristianismo uniendo como si fueran una misma cosa, las enseñanzas de Cristo, con los hechos ancestrales de Israel, siendo cuestiones distintas y contrarias; con la intención de que los hijos de Israel seguidores de Cristo, siguieran siendo Israel, y los gentiles cristianos ayudaran Israel sin darse cuenta, a ser el primero entre todas las naciones; lo cual violenta los principios espirituales y filosóficos de la prueba, haciéndonos llegar a conclusiones y expectativas falsas que al no concordar con la realidad nos confunden, enajenan, pervierten y deshumanizan. Y para perpetuar el error fundamental, San Pablo descalificó la razón, castrando mentalmente a los creyentes, diciendo:

`Mirad que nadie os esclavice mediante una filosofía fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo y no según Cristo´; por que está escrito: `Desecharé la sabiduría de los sabios y la prudencia de los prudentes: ¿Dónde esta el sabio?,¿Dónde esta el docto?, ¿Dónde esta el sofista?¿Dónde están los espíritus curiosos de las ciencias de este mundo?, acaso no entonteció Dios la sabiduría del mundo, porque ya que el mundo teniendo a la vista las obras de la sabiduría divina, no conoció a Dios por medio de la ciencia humana, sino por medio de Cristo´ [1ª Corintios I, 19,,21] __`considerad hermanos quienes son los que han sido llamados a la fe de entre de vosotros, y veréis que no son los sabios según la carne, ni los poderosos, los nobles; sino que Dios ha escogido a los necios según el mundo, para confundir a los sabios, y ha escogido a los débiles para confundir a los fuertes y poderosos´ [1ª Corintios I, 26, 27]__ y `nadie se engañe a si mismo, si alguno de vosotros se tiene por sabio según el mundo, hágase necio a los ojos mundanos, a fin de ser sabio a los ojos de Dios; porque la sabiduría de esta mundo es necedad delante de Dios, pues está escrito: Yo prenderé a los sabios en su propia astucia´, y en otra parte `El Señor penetra las ideas de los sabios y conoce la vanidad de ellas´ [1ª Corintos III, 18,,20]. (Contradiciendo la enseñanza sobre el uso de la razón revelada por Cristo al ciego de nacimiento, a fin de hacer un juicio justo para disolver las falsas certezas de la fe que nos hacen ciegos a la verdad, pues solo la verdad nos hará libres de las ataduras mentales). Dando origen al dogma de la inerrancia que lleva a los fideístas a descalificar la razón para criticar la Teología, ya que por ser palabra de Dios, es la verdad absoluta; lo cual, nos ha llevado a generalizar y creer erróneamente que __tanto el Antiguo Testamento, como el Nuevo Testamento, son un mismo legado de conocimiento espiritual que revelan las verdades eternas o Ley de Dios __y por ello, no es necesario esforzarnos en practicar la disciplina mística requerida para alcanzar la experiencia de nuestro espíritu y conocer las verdades eternas__ ni tampoco es necesario el quehacer filosófico para llegar a ellas, pues ya los reveló Dios en la Biblia. Y esta separación entre la fe y la razón, es fatal para los creyentes, pues introdujo la dualidad moral y el error en la base de la estructura de nuestro pensamiento existencial y religioso; y esto es lo que ha provocado la atmósfera de deshumanización y pérdida de valores en la que vivimos inmersos