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domingo, 18 de janeiro de 2009

¿HABRÁ QUE HACERSE PROTESTANTE PARA SER BUEN CATÓLICO?

 

 

"Vae mihi si non evangilzavero"

(I Corintios, IX, 16)

Sin referirnos a las vías inesperadas en las que se vieron los Padres del Concilio al tratarse ciertos esquemas desarraigados del magisterio de la Iglesia pretendemos en las páginas que siguen hacernos eco de aquella palabra que los Padres del Concilio no han podido olvidar: ¡Caveamus" (cuidémonos).

Cuidémonos de que nos influya un espíritu absolutamente inconciliable con el que los Pontífices romanos y los precedentes Concilios se esforzaron incansablemente por difundir entre los cristianos. No se trata de un espíritu de progreso, sino de ruptura y de suicidio.

Las declaraciones de algunos Padres a ese respecto son orientadoras: unos afirman que entre las declaraciones pasadas y las de los autores de determinados esquemas no existe contradicción, porque las circunstancias se han modificado. Cuanto el Magisterio de la Iglesia ha afirmado hace cien años regía para aquellos tiempos, pero no para los nuestros.

Hay otros que se refugian en el misterio de la Iglesia.

Otros consideran que un Concilio tiene por objeto modificar la doctrina de los Concilios anteriores.

Por último, otros sostienen que todo el Concilio está por encima del magisterio ordinario, por lo cual puede prescindir de éste t bastarse por sí solo.

Se oye, además la voz de la prensa liberal afirmando que por fin la Iglesia admite la evolución del dogma.

¿Es posible discernir el motivo, al menos aparente, que permitió a esas tesis revolucionarias instalarse oficialmente en las deliberaciones del concilio? Nos creemos con autoridad para afirmar que ello se produjo a favor de un ecumenismo presentado primero como católico y que, durante el curso de las Sesiones, se transformó en ecumenismo racionalista.

Ese espíritu de ecumenismo no católico ha sido el instrumento del cual manos misteriosas se sirvieron para intentar quebrar y pervertir la doctrina enseñada desde los tiempos envangélicos hasta nuestros días, doctrina por la que ha corrido y sigue corriendo tanta sangre de mártires.

Por inconcebible que parezca, así ha sucedido: de ahora en adelante, en la historia de la Iglesia se hablará siempre de esas tesis contrarias a la doctrina que, so pretexto de ecumenismo, se presentaron a los Padres conciliares del Vaticano II.

De esa manera, se hicieron esfuerzos para elaborar esquemas que atenúen o incluso hagan desaparecer ciertos puntos de doctrina específicamente católica que pudieran desagradar a los ortodoxos y, especialmente, a los protestantes. 70

Quisiéramos abordar algunos ejemplos de las nuevas tesis propuestas. Nos parece útil desarrollar las tesis católicas tradicionales sobre tales puntos, pues se trata de una doctrina conocida por todos, enseñada en nuestros catecismos, que nutre nuestra Liturgia y que ha sido objeto de las más firmes y luminosas enseñanzas de los Papas desde hace un siglo.

Expresar el dolor que experimentaron los Padres firmemente aferrados a la continuidad de la doctrina al escuchar la exposición de las nuevas tesis hecha por los relatores oficiales de las Comisiones, es tarea imposible. Pensábamos en las voces de los Papas cuyos cuerpos yacían sepultados en el preciso lugar donde nos encontrábamos. Pensábamos en el inmenso escándalo que pronto haría la prensa por su manera de transmitir esas exposiciones.

La Primacía de Pedro

Veamos primero la Primacía de Pedro, a la cual se quiere desplazar en beneficio de una colegialidad mal definida y mal comprendida, que culmina en un desafío al sentido común. ¡Cuánto mejor y más provechoso hubiera sido señalar la función del obispo en la Iglesia con relación a su grey particular bajo la vigilancia de Pedro, y mostrar cómo -a través de esa grey particular- se debe por caridad a la Iglesia universal, comenzando por las Iglesias que le son próximas, siguiendo por las de las misiones, y luego por la Iglesia entera, pero en dependencia inmediata de Pedro, ¡qué es el único que se debe en justicia y directamente a todas las Iglesias y a toda la Iglesia!

Pero veamos la tesis nueva y las dos afirmaciones que contiene:

1) Todo, absolutamente todo poder sobre la Iglesia ha sido confiado solamente a Pedro.

2) Todo ese mismo poder ha sido confiado también a Pedro y a los Apóstoles colectiva-mente.

Si verdaderamente todo el poder ha sido confiado sólo a Pedro, lo que los otros puedan tener lo habrán recibido de él. Si los obispos tienen con Pedro una parte en el gobierno universal, parte que Pedro no puede quitarles, ya Pedro no tiene todo el poder él solo.

¡Que no hablen de misterio! La contradicción, es manifiesta. En el segundo caso, Pedro no tiene sino la cuota mayor del poder, lo cual ha sido condenado por el Vaticano I: "Si alguien dijere que el Pontífice romano no tiene sino las potiores partes y no la plenitud del poder supremo, que sea anatema".

Después de Pedro, se ataca a la Curia, que es considerada secretaría del Papa, cuando en realidad es la parte más noble de la Iglesia particular de Roma, Iglesia cuya fe es indefectible y que es Madre y Maestra de todas las Iglesias. Hacia ella deben dirigirse las miradas de los Padres, porque pueden estar ciertos de que allí encontrarán la verdad.

¿Por qué se pretende que la Iglesia de Roma calle? ¿De dónde nos vendría la luz si los Padres conciliares de la Iglesia de Roma enmudecieran?

Por otra parte, intercalar entre el obispo de Roma y la Iglesia el cuerpo episcopal de la Iglesia Universal en forma institucionalizada significaría quitar a la Iglesia de Roma su título de Madre de todas las Iglesias.

Con eso no queremos contradecir la posibilidad de que el Soberano Pontífice consulte más frecuentemente a los obispos y modifique, si lo considera conveniente, algunas modalidades o estructuras de la Curia.

Pero el propósito de quienes aspiran a crear una institución jurídica nueva ceñida a una colegialidad siempre en ejercicio, podría hacer de la nueva institución el cuerpo electoral del Soberano Pontífice. Porque es inconcebible que el Papa no resulte elegido por su clero dado que debe ser Obispo de Roma para ser luego sucesor de Pedro.

La Virgen María

Con imprudencia increíble, a despecho del deseo explícito del Santo Padre, el esquema propuesto suprime el título de María Madre de la Iglesia; los ecumenistas lamentan que la Virgen María sea nombrada Mediadora.

Sin embargo, cabe esperar que la devoción de los Padres a María restablecerá el honor que el Concilio debe a la Virgen, proclamándola solemnemente Madre de la Iglesia y consagrando el mundo a Su Corazón Inmaculado.

La Eucaristía

Se habrá observado que a propósito de la Eucaristía – aunque este tema no ha sido tratado ex professo – existen dos alusiones tendientes a disminuir la estimación de la Presencia Real de Nuestro Señor.

Al final del esquema sobre las Sagradas Escrituras, se pone a la Eucaristía en un mismo pie de igualdad con las Escrituras. ¡Cómo no pensar en todos esos evangelios que desde entonces han reemplazado a la Eucaristía en los altares mayores de nuestras Iglesias!

Se afirma, por otra parte, que los protestantes carecen de "la plena realidad de la Eucaristía". ¿De qué Eucaristía se trata? Ciertamente no puede ser de la Eucaristía católica, pues la presencia real ésta no está...

La Revelación

En todos los esquemas relativos a la Revelación se tiende a minimizar el valor de la Tradición en provecho de la Escritura. Se reprocha exageradamente a los fieles y a los sacerdotes no alentar una mayor devoción a la Sagrada Escritura.

En efecto, las Escrituras han sido destinadas a la Comunidad del pueblo de Dios en sus jefes y no a cada miembro individual aisladamente, como sostiene los protestantes. Por eso la iglesia, como una madre, brinda la leche de la doctrina a sus hijos mediante su feliz presentación en la Liturgia, en el catecismo, en la homilía dominical. Está dentro del orden de la naturaleza que la Escritura nos sea enseñada por personas autorizadas. Así lo ha querido Nuestro Señor. Nada tenemos que tomar de los protestantes, cuya historia ha demostrado suficientemente que por sí sola la Escritura no puede mantener la unidad ni preservar del error.

La Verdad de la Iglesia

La Verdad de la Iglesia tiene, evidentemente, consecuencias que molestan a los protestantes y también a ciertos católicos imbuidos de liberalismo.

En lo sucesivo el nuevo dogma que ocupará el lugar que correspondía a la Verdad de la Iglesia será el de la dignidad de la persona humana junto con el bien supremo de la libertad: dos nociones que se evita definir con claridad.

De ello se sigue, según nuestros novadores, que la libertad de manifestar públicamente la religión de su propia conciencia es un derecho estricto de toda persona humana que ninguna otra persona del mundo puede prohibir. Que sea una religión verdadera o falsa, que promueva virtudes o vicios, poco les importa. ¡El único límite será un bien común que evitan celosamente definir!

Por consiguiente, se haría necesario revisar los acuerdos entre el Vaticano y las naciones que con toda justicia reconocen una situación preferencial a la religión católica.

El Estado debería ser neutro en materia de religión. Habría que revisar muchas constitucio-nes de Estado, no solamente en las naciones de religión católica. ¿Habrán pensado esos nuevos legisladores de la naturaleza humana que el Papa también es jefe de Estado? ¿Se lo invitará a laicizar el Vaticano?

Según ello, los católicos perderían el derecho de obrar para establecer o restablecer un 72

Estado católico. Su deber sería mantener el indiferentismo religioso del Estado.

Recordando a Gregorio XVI, Pío IX calificó esa actitud de "delirio", y, más aún, de "libertad de perdición" (Quanta Cura, 8 de diciembre de 1864).

León XIII trató el tema en su admirable Encíclica Libertas præstantissimum. ¡Pero todo eso era adecuado para su época, no para mil novecientos sesenta y cuatro!

La libertad que desean quienes la consideran un bien absoluto es quimérica. Si se admite que la libertad suele estar restringida en el orden moral, ¡cuánto más no lo estará en el orden de la elección intelectual! Dios ha atendido admirablemente las deficiencias de la naturaleza humana por medio de las familias que nos rodean: aquella en la cual hemos nacido y que debe educarnos, es decir, la patria, cuyos dirigentes deben facilitar el desarrollo normal de las familias hacia la perfección material, moral y espiritual; la Iglesia, mediante sus diócesis cuyo Padre es el Obispo, cuyas parroquias forman células religiosas donde las almas nacen a la vida divina y se alimentan en esta vida con los sacramentos.

Definir la libertad como ausencia de coacción significa destruir todas las autoridades colocadas por Dios en el seno de esas familias para facilitar el buen uso de la libertad que nos ha sido dada para buscar espontáneamente el Bien y eventualmente para proporcionarlo, como ocurre con los niños y asimilados.

La verdad de la Iglesia es la razón de ser de su celo evangelizador, de su proselitismo, y -por ende- la razón profunda de las vocaciones misioneras, sacerdotales y religiosas que exigen generosidad, sacrificio, perseverancia en las aflicciones y en las cruces.

Ese celo, ese fuego que quiere abrazar al mundo molesta a los protestantes. Se trazará, pues, un esquema sobre la Iglesia en el mundo que evitará celosamente hablar de evangelización. ¡Toda la ciudad terrestre podrá construirse sin que se dé en ella intervención a los sacerdotes, religiosos o religiosas, sacramentos, Sacrificio de la Misa, instituciones católicas, como escuelas, obras espirituales y materiales de caridad!...

En semejante espíritu un esquema sobre las Misiones se hace muy difícil. ¿Pensarán los novadores llenar así los seminarios y noviciados?

La Verdad de la Iglesia es también razón de ser de las escuelas católicas. Con el nuevo dogma se insinúa que sería preferible fusionarlas con las demás escuelas en tanto éstas observen el derecho natural (sic).

Evidentemente, no queda lugar para Hermanos ni Hermana docentes... ¡La admirable Encíclica de Pío XI sobre la educación de la juventud era para mil novecientos veintinueve, no para mil novecientos sesenta y cuatro!...

La doctrina social de la Iglesia

También la doctrina social de la Iglesia molesta al ecumenismo.

Por ello se nos dirá "que la distribución de la propiedad está librada a la prudencia de los hombres y a las instituciones de los pueblos, dado que ninguna parte de la tierra ni ningún bien ha sido conferido por Dios a ningún hombre en particular". ¡Así la doctrina también afirmada por Juan XXIII de la propiedad privada como derecho esencial de la naturaleza humana no tendría fundamen-to sino en el derecho positivo!.

La lucha de clases y de naciones sería necesaria para el progreso y para la evolución continua de las estructuras sociales.

El bien común sería una noción en continua evolución y "puesto que nadie es universal, nadie tendría una visión completa del bien común", del cual, sin embargo, se da una nueva definición: "La libertad y la plenitud de la vida humana".

¿Qué queda de las enseñanzas de los Papas acerca de a doctrina social de la Iglesia: Rerum 73

Novarum, Quadragesimo Anno, Pacem in Terris

? Estamos en mil novecientos setenta y cuatro. Que nos digan, entonces que pasará mañana con las enseñanzas de mil novecientos sesenta y cuatro en mil novecientos setenta y cuatro...

Estos ejemplos bastan para demostrar que en las comisiones prevalece una mayoría de miembros ganados por un ecumenismo que no sólo es ajeno a lo católico sino que, según propia confesión, se parece extrañamente al modernismo condenado por San Pío X y del cual el Papa Pablo VI nos dice en su Encíclica Ecclesiam Suam que ha comprobado su resurgimiento.

La prensa liberal se ha adueñado de esas tesis antes de que las mismas hayan sido propuestas no bien se las presentó en los esquemas y, particularmente, cuando obtuvieron mayoría importante en la sala conciliar.

Una vez obtenida la victoria, quedó abierta la vía a todos los diálogos, esto es, a todas las transacciones. Por fin concluían la "papolatría" y el régimen monárquico de la Iglesia, el Santo Oficio y el Index, las conciencias quedaban liberadas, etcétera.

¿Qué corresponde que hagamos ante ese desenfreno, ante esa tempestad?

1) Guardar indefectiblemente nuestra fe, nuestra adhesión a todo lo que la Iglesia nos ha enseñado siempre, sin turbarnos ni descorazonarnos. Nuestro Señor pone a prueba nuestra fe, como lo hizo con los apóstoles, como lo hizo con Abraham. Para ello es preciso que nos domine realmente la sensación de que vamos a perecer. De ese modo, la Victoria de la Verdad será auténticamente la victoria de Dios y no la nuestra.

2) Ser objetivo. Reconocer los aspectos positivos que se manifiestan en los deseos de los Padres conciliares, deseos que desgraciadamente y como a su pesar han sido utilizados para establecer textos jurídicos que sirven a tesis que la mayoría de los mismos Padres ni habían imaginado.

Intentemos definir esos deseos del siguiente modo:

Deseo profundo de colaboración mayor en pro de una más intensa eficacia del apostolado: colaboración entre pastores y con el Pastor Supremo. ¿Quién podría condenar semejante deseo?

Deseo de manifestar a los hermanos separados y al mundo entero su gran caridad a fin de que todos acudan a Nuestro Señor y a Su Iglesia.

Deseo de dar a la Iglesia mayor sencillez, en su Liturgia, en el comportamiento habitual de los pastores y, en particular, de sus obispos, en la formación de los clérigos que los preparen más directamente para su ministerio pastoral. Tendencia esta motivada por el temor de ya no ser escuchados ni comprendidos por el conjunto del pueblo fiel.

Estos deseos tan legítimos y oportunos podrían manifestarse perfectamente en textos admirables y orientaciones adaptadas a nuestro tiempo sin la colegialidad, mal fundada y mal definida; sin la libertad religiosa, falsa; sin la declaración sobre los judíos, inoportuna; sin indicios de demolición de la autoridad del Papa, sin negar el título de Madre de la Iglesia a la Virgen María, y sin calumniar a la Curia romana.

No son, en conjunto, los Padres del Concilio quienes alentaron esos textos con semejante redacción que expresa una doctrina nueva, sino un grupo de Padres y de periti que aprovecharon los muy legítimos deseos de los Padres para introducir sus doctrinas.

Los esquemas, gracias a Dios, no tiene todavía redacción definitiva. El papa aún no los ha aprobado en sesión pública. Por lo demás, el Concilio ha afirmado su voluntad de no definir ningún dogma nuevo, sino de ser un Concilio pastoral y ecuménico. La iglesia de Roma, única indefectible entre todas las Iglesias particulares, permanece firmemente en la fe; la mayoría de los cardenales no aprueba las nuevas tesis. Los Padres conciliares que desempeñan tareas importantes en la iglesia romana, así como la mayoría, sin la casi totalidad de los teólogos romanos, no se colocan junto a los novadores. Eso es fundamental, pues los fieles del mundo entero deben unirse en torno de esa Iglesia de Roma, Maestra de Verdad; ya lo afirmó así San Ireneo. 74

3) Afirmar nuestra fe públicamente sin desfallecimientos: en la prensa, en nuestras conversaciones, en nuestra correspondencia; y estar dispuestos a obedecer al Papa y permanecer indefectiblemente unidos a él.

4) Orar y hacer penitencia. Orar a la Virgen María, Madre de la Iglesia, pues Ella está en el centro de todos los debates y ha vencido siempre todas las herejías. En Ella encontrarán los Padres conciliares unanimidad, como los hijos alrededor de su Madre. Ella vela sobre el Sucesor de Pedro y actuará de manera que Pedro confirme siempre a sus hermanos en la fe, en la fe que fue la de los Apóstoles y de Pedro en particular y de todos sus sucesores.

Hay que hacer penitencia para merecer los auxilios de la gracia de Nuestro Señor; penitencia en el cumplimiento de nuestros deberes de estado sin desfallecimientos, sin abandono, sin desánimo, a pesar del ambiente infernal de libertinaje, de impudicia, de desprecio por la autoridad, de atropello a uno mismo y al prójimo.

Tengamos confianza: Dios es todopoderoso y ha dado a Nuestro Señor todo poder en el cielo y en la tierra. Esos poderes, ¿serán menores en 1964 que en 1870, menores en el último Concilio que en todos los anteriores? Nuestro Señor no abandonará las promesas de asistir perpetuamente a la Santa Iglesia Católica y Romana.

"Confidite, ewgo sum, nolite timere" (Mc. 6, 50).

¡Oh, María, Madre de la Iglesia, mostrad que sois nuestra Madre!

11 de octubre de 1964, en la

Fiesta de la Maternidad de la Virgen

[Nota Complementaria]

No hemos modificado en nada este texto, y creemos que hoy corresponde reflexionar particularmente sobre la realidad expresada por el título: en efecto, no se puede negar que en todos los dominios de la iglesia se ha producido un peligroso deslizamiento hacia el protestantismo.

El más grave es el que concierne a la fe a causa de la redacción de los nuevos catecismos, a partir del de Holanda hasta llegar al italiano pasando por los de Francia, Alemania y en particular el inverosímil catecismo de Canadá. Todos están impregnados de la doctrina expuesta en el primer esquema de "la Iglesia en el mundo", el cual, se impone decirlo, no es católico. La fe, la Palabra de Dios, el Espíritu, el Pueblo de Dios son explicados a la manera modernista y protestante, esto es, racionalista. A la Revelación se la reemplaza por la conciencia, que bajo el soplo del Espíritu se expresa mediante el profetismo. Ese profetismo que corresponde a todo el pueblo de Dios se manifiesta particularmente en la Liturgia de la Palabra. El bautismo y los sacramentos son más expresiones de la Fe que causas de la gracia y de las virtudes. No acabaríamos de señalar todos los peligros involucrados en esos catecismos, todos referidos al Vaticano II. Y no hay duda que en el Concilio, especialmente en el documento Gaudium et Spes, pueden encontrarse frases equívocas y un espíritu surgido del primer esquema.

Según el magisterio, también el ministerio sacerdotal se atribuye a todo el Pueblo de Dios, que en virtud del mismo, constituye la Asamblea Eucarística y cumple el culto comunitario, cuyo sacerdote es el presidente, que pronto será su delegado electo. Su carácter sacerdotal y su celibato ya no tienen razón de ser. No puede negarse que las reformas litúrgicas concurren a esa orientación. Los comentarios correspondientes se expresan según la modalidad protestante, minimizando la función del sacerdote, la realidad del sacrificio y la presencia real y permanente de Nuestro Señor en la Eucaristía.

Por último, el gobierno conferido por Nuestro Señor al Sacerdocio se transforma en el poder real del Pueblo de Dios, esto es, la "democratización" de la autoridad en la Iglesia por la Colegiali-75

dad entendida a la manera del Cardenal Suenens, por los Sínodos nacionales en los cuales todas las instituciones de la Iglesia se someten a los votos del Pueblo de Dios, profeta, sacerdote y rey.

De este modo, en los tres poderes confiados al Sacerdocio por Nuestro Señor se introduce el virus protestante, racionalista, naturalista y liberal. Esos poderes destinados a humanizar las personas recreadas por Nuestro Señor a la imagen de Dios, minadas por el virus del racionalismo, deshumani-zan y lanzan a personas y sociedades a todos los vicios de la humanidad caída.

Debemos luchar por la salvaguarda del sacerdocio tal como Nuestro Señor lo ha instituido, en la integridad de su magisterio, de su ministerio y de su gobierno.

Debemos enseñar la fe de siempre, adorar la Eucaristía y venerar el Santo Sacrificio de la Misa como lo enseñan la Escritura y la Tradición, respetar las personas de nuestros sacerdotes, de nuestros obispos y del Vicario de Jesucristo porque llevan en ellos el Sacerdocio y la Misión de Nuestro Señor Jesucristo y no porque sean delegados del Pueblo de Dios.

Se preparan Sínodos nacionales después de los de Holanda y Copenhagen. Si tiene los mismos efectos, pronto habrá otras tantas sectas protestantes. Eso es de esperar, dada la oposición entre las conclusiones de esos Sínodos y las directivas de la Santa Sede. El momento es muy grave. Corremos el riesgo de que la elección impuesta a los fieles holandeses y a los daneses se no imponga mañana a nosotros. Ya se impone en los catecismos y en ciertas formas de culto litúrgico, en las orientaciones de algunos obispos o asociaciones de obispos contrarias a las dictadas por el Sucesor de Pedro, por ejemplo en materia de moral familiar y de celibato sacerdotal.

Recordemos que Pedro vela por todos los Pastores y por todas las ovejas, y que en caso de contradicción entre la fe de nuestro Pastor y la de Pedro, Pedro no ha advertido contra el catecismo holandés y por consiguiente contra todos los nuevos catecismos de él derivados. Pedro nos ha dictado la moral familiar. Pedro nos ha afirmado en el Credo. Pedro nos ha prescripto el manteni-miento del celibato sacerdotal. Nuestros Pastores no tiene derecho a minimizar esas enseñanzas del Pastor de los Pastores.

Recordemos también que las autorizaciones concedidas en el terreno de la Liturgia no son obligatorias; eso vale para la Misa de cara al pueblo, la concelebración, la comunión bajo las dos especies, la comunión de pie, la recepción de la Santa Eucaristía en la mano.

La actitud de vigilancia se ha tornado necesaria a causa de los escándalos de que somos testigos, acontecidos dentro de la misma Iglesia. No podemos desconocer los hechos, los escritos, los discursos, que tienden al sometimiento de la Iglesia de Roma y a su aniquilación como Madre y Maestra de todas las Iglesias, y que buscan transformarnos en protestantes. Resistir a esos escánda-los significa vivir la fe, conservarla pura de todo contagio, mantener la gracia en nuestras almas. No resistir significa dejarnos intoxicar lenta pero seguramente y volvernos protestantes sin saberlo.

En la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús,

Roma, 5 de junio de 1970.

Fonte: Stat Veritas – Cartas Pastorales e outros escritos – Dom Lefebvre

sábado, 10 de janeiro de 2009

Terceiro segredo de Fátima: Uma contradição

 

Acompanhamos pela Mídia comoções gerais provocadas por supostas manifestações de Nossa Senhora. Multidões se deslocam para ver santa que chora mel, aparece em janelas, escreve em folhas, etc. Causa me espanto não observar o mesmo em relação ao famoso Terceiro Segredo de Fátima. É muito mais importante ouvir o que Nossa Senhora tem a nos dizer através dos três Pastorinhos, do que ver uma Santa que chora mel ou aparece em janelas.

O Concílio Vaticano II, trouxe um conceito novo a Igreja, o do chamado "Povo de DEUS". Desde então nos textos e falas das autoridades eclesiásticas, existe uma exaltação e uma disposição em se servir o " Povo de DEUS". É dificíl entender como estas mesmas autoridades, que exaltam e servem o "Povo de DEUS", neguem-lhe o direito fundamental de saber tudo, o que Nossa Senhora revelou aos três pastorinhos em Fátima.

Os dois primeiros segredos de Fátima* foram publicados 4 anos antes do término da segunda guerra mundial (1941). Resumidamente, o primeiro segredo tratava das almas e o segundo das nações. O terceiro segredo, deveria ter sido publicado em 1960, por ordem de Nossa Senhora e foi publicado parcialmente apenas em 13 de maio do ano 2000, pelo Cardeal Ãngelo Sodano. Como era previsto, o terceiro segredo, tratava sobre a Igreja, mas a parte que foi publicada não apresenta a mesma claridade dos dois primeiros segredos. O que demonstra que ele não foi publicado na íntegra!

Evidentemente, "os profetas de desgraças" (como se referiu João XXIII aos Três pastorinhos no discurso de abertura do Concílio Vaticano II) profetizaram alguma desgraça que ocorreria na Igreja. A existência dessa desgraça, é evidente em discursos do Papa Paulo VI. No discurso de 7 de Dezembro de 1968, ele dirá:

" A igreja atravessa, hoje, um momento de inquietação. Alguns se exercem na auto crítica, dir-se-ia que até na auto demolição. É como se houvesse um revolvimento interior agudo e complexo, que ninguém teria esperado depois do Concílio. Pensava-se que haveria um florescimento, uma expansão serena dos conceitos amadurecidos na grande assembléia conciliar. Existe também esse aspeto na Igreja, existe o florescimento, mas... nota-se mais ainda o aspeto doloroso. A Igreja é golpeada também por quem faz parte dela". (Paulo VI, Dicurso em 7 de Dezembro de 1968)

Em outros discursos:

" Por alguma brecha a fumaça de Satanás entrou no templo de Deus: existe a dúvida, a incerteza, a problemática, a inquietação, o confronto. Não se tem mais confiança na Igreja; põe-se confiança no primeiro profeta profano que nos vem falar em algum jornal ou em algum movimento social, para recorrer a ele pedindo-lhe se ele tem a fórmula da verdadeira vida. E não advertimos, em vez disso, sermos nós os donos e os mestres [dessa fórmula]. Entrou a dúvida nas nossas consciências, e entrou pelas janelas que deviam em vez disso, serem abertas à luz...". " Também na Igreja reina este estado de incerteza. Acreditava-se que, depois do Concílio, viria um dia de sol para a história da Igreja. Em vez disso, veio um dia de nuvens, de tempestade, de escuridão, de busca, de incerteza. Pregamos o ecumenismo, e nos distanciamos sempre mais dos outros. Procuramos cavar abismos em vez de aterrá-los. Como aconteceu isso ? Confiamo-vos um Nosso Pensamento: houve a intervenção de um poder adverso. Seu nome é o Diabo" (Paulo VI, Discurso em 29 de Junho de 1972)

Auto-demolição, nuvens e a fumaça de satanás, indicam a presença de um castigo na Igreja, a "desgraça", nas palavras de João XXIII. Sabemos qual a causa do castigo das almas e das nações, mas a parte publicada do terceiro segredo, não revela a causa do castigo da Igreja e muito menos algum meio para suavizá-lo, como nos dois primeiros segredos. Portanto falta alguma coisa que temos o direito de saber para fazermos aquilo que Nossa Senhora pediu. Desconfia-se que essa parte que falta, seja uma proibição a convocação de um Concílio, a mudança da teologia e da litúrgia católica. Talvez seja essa a razão pela qual tanta Cautela na publicação em relação ao terceiro segredo, por parte das autoridades eclesiásticas.

Todo católico tem o dever de cobrar aos Padres, Bispos, Cardeais e ao Papa, o direito fundamental de saber a mensagem de Fátima na íntegra. As autoridades que desejam servir o "Povo de DEUS", não podem continuar negando ao mesmo povo que pretende servir, este direito fundamental de todo Católico. Publiquem o segredo, não neguem aos filhos o direito de ouvir e obedecer a mãe!

* O conteúdo dos segredos podem ser lidos no artigo "Fátima: um "segredo" contendo um enigma envolto em um mistério" (http://www.montfort.org.br/index.php?secao=cadernos&subsecao=religiao&artigo=fatima3&lang=bra#fatima2).

A Posição do Altar nos Tempos Modernos

Uma análise do Livro do Padre Klaus Gamber por Mons. Richard J. Schuler

Liturgia

Padre Klaus Gamber, que faleceu recentemente, escreveu por muitos anos sobre a reforma litúrgica que se seguiu após o Concílio Vaticano II. “A Reforma da iturgia Romana” foi recentemente traduzida do Alemão para o Francês e Inglês e provocou um considerável comentário na imprensa européia.

Um dos pontos considerado por Pe. Gamber é a posição do altar com referência à congregação. Uma das mais evidentes reformas após o concílio é a prática de se ter o sacerdote voltado para a congregação. A maior parte da propaganda sobre a mudança de posição dos padres alega que é apenas um retorno a um costume da igreja antiga. História e arqueologia foram citadas (mas sem fatos verdadeiros) como evidências. Sem muito estudo ou questionamento, padres e paróquias pelo país (Alemanha, nt) aceitaram essas histórias e arrancaram seus altares, colocando mesas de madeira ou blocos de pedra que permitiam ao sacerdote contemplar a congregação. O design dos arquitetos originais, as linhas e o foco da igreja foram deixados de lado e abolidos. Na maioria dos casos o resultado artístico foi ruim e no melhor dos casos o novo arranjo ficou igual a um vestido conjunto reformado.

A destruição da Igreja e do santuário foi infeliz e custosa. Em algumas partes do país, o dano causado às igrejas pelos reformadores de altar foi maior do que os Vândalos causaram à Espanha ou ao Norte da África. Mas o mal maior foi o dano causado à ação e presença litúrgica do sacerdote. Foi dito ao sacerdote para manter o contato visual com as pessoas, para dirigir suas palavras à elas, para se tornar um "presidente" na assembléia, um "facilitador" da participação ativa da congregação. A noção de Missa enquanto sacrifício foi desencorajada, enquanto a idéia de refeição comunitária foi promovida. O altar tornou-se a mesa, bem semelhante aos dias do Arcebispo Cranmer na Inglaterra.

Entre aqueles solicitados para comentar o livro do Pe. Gamber estava o Cardeal Ratzinger, que foi entrevistado no jornal italiano "Il Sabato" (24 de Abril de 1993). Ele explicou que não há dado histórico, nem na história escrita ou na arqueológica, que estabeleça a posição do altar nos primeiros séculos como sendo voltada para as pessoas. Olhar para as pessoas não era uma questão na igreja primitiva, mas voltar-se para o leste onde Cristo iria surgir em Sua segunda vinda, a "parousia", era mais importante. Os prédios das Igrejas e os altares eram "orientais" (voltados para o leste) para que o sacerdote de forma especial pudesse vê-Lo na Sua chegada. Se devido ao contorno do terreno ou algum outro obstáculo a igreja não pudesse ter essa direção, o sacerdote, sempre olhando para o leste, teria que se posicionar atrás do altar e voltado para o povo. Contemplar a congregação era um fato acidental e ele toma a Basílica de São Pedro como um exemplo desse fato, uma vez que a igreja não poderia ter a entrada voltada para o Oeste (posição oposta ao altar) devido a colina do Vaticano.

O cardeal explica que a mudança quase que universal dos altares para contemplar as pessoas não é um decreto do Vaticano II. Não era impossível antes do Concílio oferecer a Missa voltado para as pessoas. Uma tradição de quinze séculos onde o sacerdote era a cabeça da sua congregação foi eliminada em poucos anos. Aquela tradição admitia exceções. Eu mesmo provavelmente detenho um recorde de Missas em latim celebradas voltado para as pessoas, mais do que qualquer outro padre no país antes do concilio. A igreja onde eu tinha um serviço semanal tinha um altar na cripta e eu oferecia a Missa duas vezes a cada domingo, por aproximadamente dez anos, tudo antes de 1963.

O cardeal foi perguntado se a Igreja voltaria para a tradição ancestral, praticada antes do concílio. Ele retrucou dizendo que não haveria uma mudança "neste momento". Ele disse que as pessoas já estão tão confusas com tantas mudanças e tão rapidamente introduzidas. Mas ele não disse que não iria acontecer numa data futura. Certamente, o retorno daria uma grande ajuda em restaurar a reverência na celebração da Missa. Pe. Jungmann, cujo trabalho na história da liturgia (Missarum solemnia) foi em grande parte responsável pela introdução das mudanças, tem uma segunda opinião sobre o valor das mudanças.

O aspecto interessante da discussão levantada pelo livro do Pe. Gamber é que pouco a pouco a propaganda e afirmações falsas invocadas para realizar a reforma litúrgica estão sendo expostas e se encontram sem veracidade ou bases, históricas, arqueológicas ou litúrgicas. Os erros perpetrados por clérigos e leigos igualmente na década de 60 incluem mentiras como a eliminação do latim, a proibição dos coros, a remoção de imagens, tabernáculos e vestimentas, tudo em nome do concílio ou talvez do "espírito do concílio". Graças a Deus a verdade está começando a reaparecer.

Revista Mater Ecclesiae - http://igrejauna.blogspot.com/

segunda-feira, 3 de novembro de 2008

R E S P O N D E O nº 1

 

http://www.permanencia.org.br/Respondeo/missanova1.htm

1. Os tradicionalistas extrapolam ao afirmar que a Missa Nova é protestantizada. Na verdade queriam chamá-la herética e inválida!

Resposta: O Novus Ordo é um rito protestantizado. São vários os motivos que nos obrigam dizê-lo:

  • a intenção dos reformistas.

  • A acolhida dos protestantes.

  • O escandaloso convite feito aos protestantes.

  • O parecer de eminentes teólogos.

  • A comparação com as reformas litúrgicas de Lutero e Zwinglio.

  • O problema da tradução do Missal.

  • A adoção de novas linguagens e práticas.

a) A INTENÇÃO DOS REFORMISTAS

O escritor francês Jean Guitton, amigo próximo de Paulo VI, escreveu: “O Papa Paulo VI me confiou que era sua intenção assemelhar o mais possível a nova liturgia ao culto protestante” [3]. Também possuímos a declaração do pde. Anibal Bugnini, talvez o principal nome por trás do Novus Ordo Missae: “A oração da Igreja não deve ser um motivo de constrangimento para ninguém", logo "[é preciso] arredar toda a pedra que poderia constituir qualquer sombra de risco de tropeço ou de desprazer para os nossos irmãos separados" (L´Osservatore Romano, 19 de março de 1965). Grifos nossos.

b) A ACOLHIDA DOS PROTESTANTES

Lutero dizia: "Eu afirmo que todos os lupanares, os homicídios, os roubos, os adultérios, são menos maus que esta abominável Missa!"

Após o Novus Ordo, entretanto, os protestantes abandonaram a costumeira hostilidade e encheram-se de simpatia pelo rito da Igreja. Por que não se entusiasmavam com o antigo missal e sim com este? Por que recusavam firmemente rezar pela Missa de Sempre, mas não têm escrúpulos em utilizar a Missa Nova? A razão, acreditamos, não pode ser outra senão a de que a "reforma litúrgica deu um passo notável para a frente e houve uma aproximação das formas da Igreja luterana" (L´Osservatore Romano, 13/10/1967).

Vejamos algumas declarações públicas de protestantes, declarações essas que constituem sinal evidentíssimo de que há algo errado com a nova missa: [4]

- Max Thurian, da Comunidade protestante de Taizé: “Um dos frutos do novo Ordo será talvez que as comunidades não católicas poderão celebrar a santa ceia com as mesmas orações da Igreja católica. Teologicamente é possível” (“La Croix”, 30-5-69).

- “Agora, na Missa renovada, não há nada que possa verdadeiramente perturbar o cristão evangélico” (Siegevalt, Prof. de Dogmática na Faculdade protestante de Strasbourg, “Le Monde”, 22-11-69).

- “As novas orações eucarísticas católicas abandonaram a falsa perspectiva de um sacrifício oferecido a Deus” (“La Croix”, 10-12-69, palavras que Jean Guitton diz ter lido em revista protestantes muito apreciada).

- “Se toma em consideração a evolução decisiva da liturgia eucarística católica, a possibilidade de substituir o cânon da Missa por outras orações litúrgicas, o afastamento da idéia segundo a qual a Missa constituiria um sacrifício, a possibilidade de comungar sob as duas espécies, não há mais razão para as igrejas da Reforma" (Roger Mehl, protestante, em “Le Monde”, 10-9-70).

- “Nós nos atemos à utilização das novas preces eucarísticas nas quais nós nos encontramos e que têm a vantagem de matizar a teologia do sacrifício que tínhamos o hábito de atribuir ao catolicismo. Estas preces nos convidam a encontrar uma teologia evangélica do sacrifício” (Trecho de um documento emanado do Consistório superior da Confissão  de Augsbourg e da Lorena, datado  de 8-12-73, publicado em “L’Église en Alsace”, número de janeiro de 1974).

- “A maior parte das reformas que Lutero desejava. Existem doravante no interior mesmo da Igreja Católica” – (...) “Por que não se reunir?” (Seppo A. Teonen, teólogo luterano, professor de Dogmática na Universidade de Helsiqui, jornal “La Croix” de 15-5-72).

Acrescente-se ainda as declarações feitas em 1983 pela Comissão Mista católico-luterana, oficialmente reconhecida por Roma:

"Outras exigências que Lutero tinha formulado em seu tempo podem ser consideradas como sendo satisfeitas na teologia e na prática da Igreja de hoje", tais como: "o emprego da língua vulgar na liturgia, a possibilidade da comunhão sob as duas espécies e a RENOVAÇÃO DA TEOLOGIA E DA CELEBRAÇÃO DA EUCARISTIA"[5] . (grifos nossos)

c) O ESCANDALOSO CONVITE FEITOS AOS PROTESTANTES

Seis pastores protestantes foram convidados para a Comissão da Reforma Litúrgica e dela participaram como adidos qualificados. Paulo VI deixou-se fotografar com os mesmos na cerimônia de encerramento do CONSILIUM, em 10/4/70 e a foto foi reproduzida em La Documentation Catholique. Ora, estes pastores não se limitaram a assistir, mas tiveram participação ativa.

A intervenção ativa destes ‘observadores’ é corroborada por declarações de Mons. W.W.Baum, “diretor executivo” dos assuntos ecumênicos da conferência episcopal americana”: “Eles não lá estiveram como simples observadores, mas como consultores, e participaram plenamente das discussões sobre a renovação litúrgica católica. Não faria muito sentido caso se contentassem em ouvir, mas eles puderam contribuir” (Detroit News, 27 de junho de 1967).”[6]

Ademais, como afirmou Mons. Lefebvre, por que os protestantes teriam sido convidados para a Comissão da Reforma Litúrgica senão para que dissessem “se estavam satisfeitos ou não, ou se havia alguma coisa que lhes não agradava, se eles podiam rezar conosco?”[7]

Essa escandalosa participação dos protestantes teve um precedente notório: o Concílio Vaticano II:

Os protestantes, integrando um grupo que foi chamado de "OBSERVADORES NÃO-CATÓLICOS", já estavam presentes na Aula Conciliar desde o primeiro dia da Primeira Sessão do Concílio Vaticano II, e a importância de sua participação foi logo enfatizada, pois no programático discurso de abertura do Concílio (11/10/62), o Santo Padre João XXIII anunciou formalmente que uma das grandes finalidades do encontro seria a união dos cristãos.

“Esses "OBSERVADORES NÃO-CATÓLICOS" participaram do início ao fim do Concílio e no final deste, ou seja, no dia 4 de dezembro de 1965, estavam presentes em uma cerimônia ecumênica, na qual o Papa Paulo VI, "com evidente satisfação" e dirigindo-se a tais "observadores", disse:

"... Sabeis, Irmãos, que de muitas maneiras o nosso próprio Concílio Ecumênico pôs-se em movimento em direção a vós: da consideração que os Padres Conciliares não deixaram de manifestar pela vossa presença, que tão cara lhes era, até o esforço unânime para evitar toda expressão que não fosse cheia de deferências para convosco; da alegria espiritual de vermos vosso grupo de escol associado às cerimônias religiosas do Concílio, até a formulação de expressões doutrinais e disciplinares aptas a arredar os obstáculos e a abrir sendas tão largas e aplainadas quanto possível para uma melhor valorização do patrimônio religioso que conservais e desenvolveis: a Igreja Romana, como vedes, testemunhou a sua boa vontade de vos compreender e de se fazer compreender; não pronunciou anátemas, senão invitações; não traçou limites à sua espera, como tampouco os traça ao seu oferecimento fraterno de continuar um diálogo que a empenha."[8] (grifos nossos)

d) O PARECER DE EMINENTES TEÓLOGOS E AUTORIDADES DA IGREJA

Cardeal Ottaviani, outrora Prefeito da Congregação da Doutrina e da Fé, oficialmente encarregado pela defesa da Fé e da moral: “A nova forma da missa foi substancialmente rejeitada pelo Sínodo Episcopal, nunca foi submetida ao júri das Conferências Episcopais e nunca foi reivindicada pelo povo. Além do mais possui todas as possibilidades de satisfazer aos mais modernistas dos Protestantes.”[9] (grifos nossos).

Cardeal Sticker: “O lugar importante dado às leituras e à pregação na nova missa, a possibilidade mesma deixada ao padre de acrescentar explicações e palavras pessoais é uma reflexão a mais sobre o que é legítimo chamar de uma adaptação à idéia protestante de culto..." (grifos nossos)

Cardeal Silvio Oddi: “Quando o Cânon II foi publicado, os protestantes da famosa comunidade de Taizé, que têm uma liturgia muito diferente da liturgia católica, disseram: “Este nós também podemos usar”. Isto quer dizer que pode ser interpretado sem a presença real de Cristo na Eucaristia. Portanto, alguma coisa não era clara (...) Tenho a impressão de que as pessoas escolhidas para efetuar todas essas reformas litúrgicas não estavam muito preocupadas com a pureza do dogma e da doutrina. Tentaram apresentar as coisas para agradar alguém, por uma concepção ecumênica errônea”.[10] (grifos nossos)
Cardeal Fernando Antonelli
, membro do Consilium, organismo encarregado da reforma litúrgica: "Tenho a impressão de que se concedeu muito, sobretudo em matéria de sacramentos, à mentalidade protestante" (grifos nossos)

Mons. Klaus Gamber, bispo de Ratisbona e perito em Liturgia: “A reforma litúrgica de Paulo VI foi mais radical que a de Lutero”.

Pde. Raymond Dullac: “Este rito possui um PECADO ORIGINAL que circuncisão alguma será capaz de suprimir: o pecado de se ter querido fabricar uma “missa” passe-partout, apta a  ser celebrada tanto por um católico como por um protestante”

Um grupo de teológicos publicou em 1969 um artigo na conceituada revista Pensée Catholique: “O Ordo Missae tenderia a instaurar na Igreja católica romana um ofício por demais semelhante à ceia das igrejas protestantes. Sinal característico? É a Ceia e não a Cruz que figura no frontispício do livro vermelho, na página 2”[11].

Outro interessante testemunho nos foi dado pelo escritor Julien  Green, convertido do anglicanismo: “A primeira vez que ouvi a Missa em francês, tive dificuldade em crer que se tratava de uma Missa Católica. Apenas a Consagração me tranqüilizou, embora ela fosse, palavra por palavra, semelhante à consagração anglicana”.

No mesmo livro, o autor conta a impressão que ele e sua irmã tiveram diante de uma Missa televisionada: Pareceu-lhes uma imitação grotesca do ofício anglicano. No fim ele perguntou à sua irmã: “por que é que nos convertemos?” (op. cit., p. 138)[12].

e) A COMPARAÇÃO COM A REFORMA LITÚRGICA DE LUTERO

― É espantosa a comparação entre o culto dos reformadores e o Novus Ordo. A citação seguinte foi tirada do livro de Arnaldo Xavier da Silveira, “Considerações sobre o Ordo Missae de Paulo VI”. Os negritos são nossos:

“Na quinta-feira santa, 13 de abril de 1525, bem como na sexta-feira santa e no domingo de Páscoa seguintes, sob as abóbadas estarrecidas do “Grand Muenster”, o culto se processou de maneira absolutamente nova. A língua alemã expulsava totalmente o latim da liturgia. Os coros não cantavam mais (...) A ceia substituía a missa.

“As espécies da refeição sagrada encontravam-se sobre uma mesa de tipo comum. Zwinglio oficiava voltado para a assembléia, em vez de permanecer, como na liturgia romana, de frente para o altar. A seu tempo, acólitos distribuíam o pão ao longo dos bancos dos fiéis, que com suas próprias mãos tomavam um pedaço e o levavam à boca. O cálice, trazido da mesma maneira, circulava em seguida, passando de um comungante a outro. Zwinglio fizera questão de que o vinho fosse pôsto em cálices de madeira, a fim de repudiar abertamente todo o fausto. (...)”[13].

― “...a primeira medida de Lutero contra o caráter sacrifical da Missa, foi a supressão do ofertório, que mais explicitamente o expressa. Depois fez as outras mudanças. Foi igualmente o que fez Paulo VI na nova missa, transformando o ofertório em uma simples apresentação de dons conforme prática judaica na suas sinagogas.

“Em seguida, Lutero alterou as palavras da instituição, fazendo da parte consacratória e da narrativa, que são bem distintas, uma só, e mandando pronunciar tudo em tom narrativo e em voz alta. Tudo para suprimir qualquer idéia de ação pessoal do celebrante e pois, toda a idéia de sacrifício, e assim inculcar nos assistentes a idéia protestante de simples ceia-memorial.

“Também a reforma de Paulo VI, do rito da Missa, alterou a forma da Consagração, transpondo para fora dela as palavras “Mysterium fidei”, e suprimindo o ponto gráfico que separava bem a parte narrativa, da parte consecratória, de modo que o celebrante é levado a pronunciar tudo em tom narrativo como quem apenas conta um fato acontecido no passado, e não como quem faz uma ação pessoal, que torna de novo presente a mesma realidade operada por Jesus Cristo, e por Ele ordenada que fosse renovada perpetuamente mediante o ministério do sacerdote (Lc. 22,19).

“Vê-se pois, por essa pequena amostra – e há muitos outros pontos nos quais a missa nova não é mais a pura expressão da Fé Católica – como é de suma importância a nossa fé nesse aspecto da Missa como sacrifício. Aí está a prova. Os protestantes tomam ares de festa com a sua supressão, através da Missa nova.”[14]

― “Lutero suprimiu qualquer referência aos Santos. Também na Missa Nova, dos seus quatro Cânones, somente o chamado Romano menciona alguns Santos, e mesmo assim, é livre a sua menção pelo celebrante. Mais um motivo por que vários pastores protestantes afirmam poder celebrar a sua ceia-memorial usando o texto da Missa Nova”.[15]

― “Para Lutero, a Missa é somente um banquete de comemoração da última Ceia. Daí ser celebrado em uma mesa, e com o celebrante voltado para o povo, na postura dos comensais de refeição comum, como se faz na Missa Nova”[16].

f) O PROBLEMA DA TRADUÇÃO

Outro aspecto que deve ser estudado é o da tradução do Novus Ordo para o vernáculo. Problema que ocorreu em maior ou menor grau por todo o mundo. No Brasil, os "erros" de tradução foram motivo de polêmica pública, envolvendo sacerdotes e diversos intelectuais católicos. [17] Ora, analisando os “erros” diversos de tradução para o português (o padre D´Elboux listou na época nada menos que 150 e, segundo narrou o mesmo, Dom Fernandes, de Londrina, relacionou número ainda maior de "erros"), verifica-se que vão freqüentemente numa direção muito agradável aos protestantes. Ora, o fortuito não pode ser repetitivo. Vejamos alguns exemplos:

1. Nas referências à Nossa Senhora, todas as vezes em que se lia beata Virgo Maria no original latino do Novus Ordo, traduziu-se simplesmente por "Virgem Maria", omitindo o bem-aventurada que pedia o latim. Isto ocorre nos parágrafos 3, 45, 54, 78, 85 e 94. Notamos que, no parágrafo 85, lia-se: in primis cum beatissima Virgine, Dei Genitrice, Maria. Eliminados o superlativo beatissima e o in primis ("antes de tudo"), ficou a tradução abreviada para: "Virgem Maria, mãe de Deus".

Ainda neste ponto, encontramos as omissões seguintes:  

— no parágrafo 30: "Virgo Mater inefabili dilectione sustinuit", torna-se: "a Virgem esperou com amor de Mãe". Enquanto no latim, estava amor inefável e não, de Mãe;

— no parágrafo 45 e no 53, "virginitatis gloria permanente" e "in primis gloriosae semper Virginis Mariae", respectivamente no latim. Não aparece na tradução o gloria da primeira frase, nem o gloriosae, da segunda;  

— no parágrafo 46: "Deiparae Virgini Sponsus" fica traduzido como "esposo à Virgem Mãe", enquanto Deiparae pedia "à Virgem Mãe de Deus".

2. Com relação aos Apóstolos, Santos e Mártires ocorre fenômeno parecido com o que se viu acima. No parágrafo 47, "beatos Apostolos", no texto latino, traduz-se simplesmente "dos Apóstolos"; no parágrafo 69 traduz-se "tuis sanctis Apostolis" por "apóstolos"; mais grave, no parágrafo 78 simplesmente omite-se a menção aos santos ("et omnibus Sanctis qui tibi a saeculo placuerunt", torna-se "e todos os que neste mundo vos serviram" — sem mencionar a tradução de "placuerunt" por "serviram"). Ainda no parágrafo 85 vê-se novas omissões: "cum beatis Apostolis tuis et gloriosis Martyribus" é transformado em "os vossos apóstolos e mártires".

3. Com relação à Igreja: Por duas vezes suprime-se o adjetivo "católica" ao referir-se à Igreja e, em uma vez, omite-se o adjetivo "santa". "Quae tibi offerimus pro Ecclesia tua sancta catholica" passou a ser "Nós as oferecemos (omitiu-se in primis) pela vossa Igreja (omitiu-se sancta e catholica) dispersa pelo mundo".

4. A tradução de "pro multis", na formula mesma da Consagração, por "por todos" (mais gravemente, na tradução oficial de 1969, publicada sob a aprovação da CNBB, "por todos os homens"), cuja correção apenas recentemente foi ordenada.

5. No início da agora chamada "Oração Eucarística I" [...] vê-se traduzido haec dona, haec munera, haec sancta sacrificia illibata por "estas oferendas", simplificação excessiva e mutiladora, exatamente porque aquelas ofertas são matéria do "sacrifício ilibado", da Vítima Perfeita, Cristo. A missa é essencialmente sacrifício: não assembléia, nem memorial.

Poder-se-ia arrolar ainda muitos outros exemplos de infelizes omissões, como a do parágrafo 63, onde "et hunc praeclarum calicem" é traduzido, tão pobremente, por "o cálice"; ou a igualmente infeliz omissão em dois lugares de adjetivos que indicam perpetuidade quando se refere a danação ou vida eterna (parágrafos 43 e 60); ou as diversas passagens em que se eliminou ou se atenuou expressões referentes aos Anjos e à hierarquia angélica; ou a tradução do “Orate frates”, ou do “Et cum spiritu tuo”.

É de espantar a franqueza com que D. Clemente Isnard OSB, Secretário Nacional de Liturgia no tempo em que foram feitas as traduções, narra como conseguiu a aprovação de Roma ao texto traduzido (grifos nossos):

"Resolvi então proceder por própria conta" - coisa de admirar mas não de imitar - e que tanto irritou Dom Geraldo Fernandes, que chegou a ser Vice-Presidente da CNBB. "Apresentei em Roma, e a Congregação para o Culto Divino aprovou nossa versão. Nossa sorte é que no momento não havia na Congregação perito em língua portuguesa. Desta forma obtivemos aprovação da simplificação do Cânon Romano, que tinha sido apresentada pelos franceses e negada... Nós simplesmente havíamos copiado a proposta francesa."[18]

g) NOVA LINGUAGEM, NOVAS PRÁTICAS

- “É sabido que a Eucaristia tem dois aspectos, um de Sacramento, outro de Sacrifício. O 1º é chamado “Eucaristia”; o 2º é a Santa Missa. É de fé que a Missa é Sacrifício; o próprio termo “Missa” já indica o seu caráter sacrifical, pois é o particípio do verbo latino “mittere”: enviar. Significa que, ao fim da Missa, a oblação sacrifical já foi enviada (Sto. Tomás)

“Por isso, Lutero suprimiu a palavra “Missa”, em sua reforma litúrgica; queria apagar da mente dos fiéis até a idéia de Sacrifício que lhe é conexa. “Chamemo-la, dizia ele, Benção, Eucaristia, Ceia do Senhor”. E hoje, seguindo a preferência da “Institutio generalis”, que promulgou a Missa Nova, está sendo chamada, de preferência, Eucaristia.

- “Para Lutero, todo homem, só pelo batismo, já é sacerdote, porque, para ele, não há qualquer diferença entre ser cristão e ser sacerdote. Por isso, os seus pastores são meros presidentes das assembléias reunidas para celebrar a sua ceia meramente memorial. É muito sintomático que, na Missa Nova, o “Confiteor” não seja mais rezado, primeiro, pelo celebrante sozinho e só depois pelos fiéis juntos. Esta mudança insinua igualdade entre os padres e os leigos. E o próprio Institutio Generalis (no. 7) chama o celebrante de presidente da “assembléia do povo de Deus”, na qual o povo reunido sob sua presidência é que celebra o “Memorial do Senhor”. Só diante da reclamação dos fiéis por causa desse grave erro é que Roma fez um arremedo de correção, pois o celebrante continuou a ser presidente da Assembléia e o povo não deixou de ser quem celebra, ou con-celebra (com o presidente)...”[19]

Podemos citar ainda aqui:

- O grave problema da definição da Missa como Ceia no “Institutio Generalis”;

- As concelebrações;

- A substituição do latim pelo vernáculo;

- A comunhão dada na mão;

- A substituição do gregoriano por músicas populares, o emprego de instrumentos de percussão e cordas nas Igrejas;

- As missas-show, carismáticas etc.

CONCLUSÃO

"O Novus Ordo foi concebido com o propósito de favorecer um falso ecumenismo, esmaecendo a fé", "a Nova Missa pode ser lícita e válida, mas a intenção que presidiu a sua elaboração a torna intrinsecamente perversa e perigosa". A essas objeções, Dom Guy Oury, do célebre mosteiro de Solesmes, comentou: "Se fosse realmente assim, compreender-se-ia que os católicos fiéis estivessem justamente alarmados em sua fé; a resistência tornar-se-ia mesmo um dever"

Ora, como nota Louis Salleron, ainda que estas duas objeções devessem ser formuladas um pouco diferentemente, é realmente assim. Por isso, a resistência é um dever. [20]

* * *

Encerramos deixando ao leitor a tarefa de julgar. As evidências são copiosas. Como negar, sem má-fé, que é protestantizante o novo rito, não apenas em sua intenção, não apenas no entender dos protestantes, mas naquilo mesmo que o constitui?

O leitor desejoso de se aprofundar no assunto poderá ler alguns dos trabalhos que foram publicados nesse sentido:

- A Missa de Lutero, por Mons. Lefebvre;

- Protestantização Litúrgica (Sim Sim Não Não, no. 69);

- Carta Aberta aos Católicos Perplexos, cap. IV, de Mons. Lefebvre.

- “A Teologia do Sacrifício da Missa”, por D. Licínio Rangel (Sim Sim Não Não, Julho/2001);

- "Solesmes et la Messe" (Itinéraires, no. 195), "En quoi la Nouvelle Messe est un échec " (no. 194), Louis Salleron.

- La Nouvelle Messe de Paul VI: Qu´en penser?”, Ia parte, cap. 5. de Arnaldo Xavier da Silveira “

- “A Missa Nova, uma caso de Consciência” e “Católicos, Apostólicos, Romanos”, padres de Campos.

Sobre a Missa tradicional, oferecemos ainda vários textos no nosso índice Missa de São Pio V

* * *

Finalmente, jamais alegamos que a Nova Missa fosse herética ou inválida. A esse respeito, citamos palavras do próprio Mons. Lefebvre: “Evidente que a reforma litúrgica atual se inspira na reforma de Lutero. Eu disse isso, em Roma, a muitos Cardeais: Vossa nova Missa é a Missa de Lutero!” A isso me foi respondido: Mas então ela é herética!” E eu respondi: Não, ela não é herética, mas é ambígua, equívoca, pois um pode celebrá-la com a católica integral do Sacrifício, da Presença Real, da Transubstanciação e outro pode celebrá-la sem ter essa intenção e, nesse caso, a Missa não será mais válida. As palavras que ele pronuncia e os gestos que ele faz não o contradizem. Ela é equívoca, sim, equívoca. E certamente Lutero, durante muitos anos, a celebrou validamente, quando ele ainda não estava contra o Sacrifício, quando ele era ainda mais ou menos católico. Porém, mais tarde, quando ele recusou o Sacrifício, o Sacerdócio, a Presença Real, então sua Missa passou a não ter mais validade[21].

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Notas:

[3] Emission de Radio-Courtoisie, 19/12/1993. “A intenção de Paulo VI, a respeito da liturgia católica, foi reformá-la de modo a quase coincidir com a liturgia protestante (...) Repito, Paulo VI fez tudo quanto estava em seu poder para aproximar a missa católica – afastando-se do Concílio de Trento – da Ceia protestante (...) Há em Paulo VI uma intenção ecumênica de apagar, ou ao menos de corrigir, ou de abrandar, o que na Missa há de demasiadamente católico, no sentido tradicional, e de aproximar a Missa católica da missa calvinista”.

[4] “A missa nova, um problema de consciência”, padres de Campos

[5] - Como consta de “La Documentation Catholique”, de 3 julho de 1983, n.1085, páginas 696 e 697. Citado em “A Renovação da Celebração da Missa”, Francisco Lafayette.

[6] “La nouvelle messe est d´esprit protestant”, Mons. Lefebre, “La Libre Belgique”, 25/9/76. Reproduzido de “Le mouvement Liturgique”, Abbé Didier Bonneterrre, ed. Fideliter.

[7] A Missa de Lutero, conferência de Mons. Lefebvre.

[8] A “Renovação” da celebração da Missa, Francisco Lafayette.

[9] A Intervenção Ottaviani (http://www.permanencia.org.br/revista/atualidades/ottaviani.htm)

[10] Em entrevista para a revista “30 dias”, julho de 1991.

[11] Publicado em La Pensée Catholique, no. 122.

[12] “A missa nova, um problema de consciência”, padres de Campos.

[13] Jean Rilliet, “Zwingle, le Troisième Homme de la Réforme”, 1959 – citado por “La Contre-Réforme Catholique au XX Siècle”, no. 26, novembro de 1969, p. 1.

[14] “A Teologia do Sacrifício da Missa”, D. Licínio Rangel.

[15] A Missa da Tradição e a Missa Nova, nov/2001, Sim Sim Não Não.

[16] Ibidem.

[17] Além do Padre d'Elboux, escreveram Gustavo Corção, Gladstone Chaves de Melo ("A Tradução da Nova Missa" e "Ainda a Nova Missa", respectivamente 2/01 e 3/01/70; "Ainda a Missa", Mar/70; "Erros e Heresias Acobertados pela Tradução Brasileira da Missa", Jun/70), o Cônego Ludovico Rosano ("Traduttore, Traditore" em 17/02;"Carta de Uma Padre Católico" em 7/03/70). Como relata ainda o mesmo Pe. D'Elboux ("Ainda a tradução do Novo Missal", Set/73), Dom Fernandes, de Londrina, chegara a preparar uma lista de "erros" de tradução ainda maior que a sua.

[18]  Conferência pronunciada no Encontro dos Liturgistas do Brasil. in A Sagrada Liturgia — 40 anos depois", estudos da CNBB no. 87. Editora Paulus, São Paulo, 2003.

[19] “A Missa da Tradição e a Missa Nova”, nov/01, Sim Sim Não Não.

[20] "Solesmes et la Messe", Louis Salleron, Itinéraires, 195.

[21] “A Missa de Lutero”, Mons. Lefebvre.

quinta-feira, 23 de outubro de 2008

Uma Litúrgia sem Cristo

Caríssimos,
abaixo segue mais um texto que demonstra na prática a apostasia da Igreja no Brasil. Nele os músicos são orientados a dar primazia a assembléia em detrimento de Cristo, se eles são orientados a isto, os Padres também não recebem idêntica orientação?

Lamentável... a CNBB ensina a todos como não ter fé pelo própio mau exemplo dos Bispos que não a defendem. Coforme se lê em outra instrução, a Missa não é mais a repetição do sacrificío do calvário, é apenas um ato simbólico:

"Nossas celebrações são acontecimentos simbólicos".

"Nossas celebrações são Memorial e Mistério. Recordando, em palavras e gestos, os fatos
salvíficos do passado, a assembléia celebrante goza da certeza de que o Deus de ontem, o Deus de hoje e de sempre, aí está presente." A natureza sacramental da música litúrgica http://www.cnbb.org.br/ns/modules/mastop_publish/files/files_48d24f20640a7.pdf

A CNBB engana os católicos, os pobres e toda sociedade ao rejeitar sua própia identidade. Estamos diante de algo completamente diferente do Evangelho de Cristo pregado pelos apóstolos, para ser bem claro, diante de um anátema. Nosso Senhor Jesus Cristo fez opção preferencial pelos pecadores, não pelos pobres, a finalidade era uma ascenção espiritual e não social. Todos os Apóstolos de bom grado se desligaram das sociedades para se integrarem e integrar as pessoas na cidade de DEUS.

Na Idade Média os efeitos desta opção, foi a conversão de centenas de nobres que venderam todos os seus bens partilhando-os com os pobres e a Igreja. Hoje faz a CNBB faz exatamente o contrário e não produz os mesmos resultados nos áureos tempos do cristianismo. Nosso Senhor não aboliu a lei, mas a CNBB em seu apoio ao MST, demonstra que "não cobiçar os bens do teu próximo", não é mais algo válido. Deve ter evoluído para a inexistência de propriedade privada... caíram em todas as tentações que nosso Senhor venceu e não existe sequer um Bispo fiel que faça oposição a apostasia que infelizmente contemplamos.

Ainda temos uma analogia bem interessante a do grito dos excluídos. Pressupõe-se que na rejeição a exclusão eles também não aceitem a pena do inferno. Logo, pode se dizer que a revolução de satanás é também um "grito dos excluídos.' Justamente por isso não se prega mais a doutrina da Igreja, não se combatem doutrinas heréticas como a teologia da libertação e afasta-se os dogmas, como o da transubstanciação substituído pelo simbolismo, o ato sacrifical substituído pelo memorial e o altar pela mesa eucaristica.* Tudo que foi excluído ao longo dos séculos, foi incluído pela CNBB ao longo de poucas décadas para agradar os homens, ou seja, as heresias que são pregadas, não a sã doutrina.

Os Bispos pela sua amizade e serviço ao mundo, testemunham inimizade para com DEUS, não acreditam naquilo que pregam, negam o oficío epsicopal por não combaterem os erros e vivem em função do povo, não de Cristo. A entidade CNBB, é pior que todas as entidades heréticas que surgiram no seio da Igreja, ela é a síntese de todas as heresias. Todo católico no Brasil deveria afastar-se disto para não participarem da apostasia e cisma infudidos por esta entidade no meio católico.

Não a morte pior para a alma que a liberdade do erro, dizia Santo Agostinho. Aqui no Brasil tudo é licíto, porque tudo convém aos ideários "ocultistas" da CNBB. Em matéria religiosa, ela nada tem a dizer aos que tem fé. É como disse o Pe Paulo, "a Igreja no Brasil sofre de AIDS espiritual" e isto tem começo na adoção da Teologia da Libertação. Lamentável...





A PRIMAZIA DA ASSEMBLÉIA
http://www.cnbb.org.br/ns/modules/mastop_publish/files/files_48d24f3c1dc0a.pdf

Aos recém-batizados das comunidades primitivas, o Apóstolo Pedro escrevia: “...vocês também, como pedras vivas vão entrando na construção do templo espiritual, e formando umsacerdócio santo, destinado a oferecer sacrifícios espirituais que Deus aceita por meio de Jesus Cristo... Vocês são raça eleita, sacerdócio régio, nação santa, povo adquirido por Deus, para proclamar as obras maravilhosas daquele que chamou vocês das trevas para a sua luz maravilhosa” (1 Pd 2,5.9).

Reunidos em nome de Jesus, os fiéis gozam da certeza maior de sua presença (Mt 18,20) e dele recebem o mandato de repetir seus gestos e palavras em sua memória (1 Co 11,23-25), dando graças ao Pai, de quem procede qualquer dom precioso e qualquer dádiva perfeita (Tg 1,17);

Esta assembléia sacerdotal, manifestação privilegiada do Corpo de Cristo (Rm 12,3-13; 1 Co 12,12-13), deve ser a referência mais importante dos autores, compositores e demais agentes litúrgico-musicais.

Foram estas convicções elementares que levaram a renovação da música litúrgica católica a compreender e a insistir no primado da assembléia!

. “Servir à assembléia é a base de toda liturgia verdadeiramente pastoral. Servir não quer dizer que se satisfaçam não importa quaisquer desejos manifestados na comunidade. Trata-se de introduzi-la sempre mais, pela fé, no mistério de Jesus Cristo. Mas como fazê-lo sem conhecer a comunidade, sem levá-la em conta, para que ela, toda ela, se ponha em marcha?”
“Levar em consideração a assembléia celebrante, com suas possibilidades, sua riqueza e seus limites, é a primeira preocupação de uma liturgia verdadeiramente pastoral. É o caminho mais seguro para se chegar a uma celebração cheia de vida, significativa e personalizada, sobretudo quando se trata de música e canto”
( GELINEAU, Canto e Música no culto cristão. Cfr. também SC 27).

E este primado da assembléia se torna, assim um princípio fecundo e rico de múltiplas conseqüências ou implicações para a música na liturgia:

Servir à assembléia, não a indivíduos ou tendências

A assembléia litúrgica não é apenas a soma dos indivíduos que a compõem. Ela é a Igreja inteira a se manifestar naqueles que estão reunidos aqui e agora. Aí está o Cristo presente e agindo. Claro que se trata de pessoas, mas em comunhão, e não, uma ao lado da outra. O que se quer é servir a essa comunhão entre as pessoas. E essa compreensão mística determina a prática do agente litúrgico-musical:

Não tem sentido, por exemplo, escolher os cantos de uma celebração em função de alguns, que se apegam a um repertório tradicional, ou ainda de outros que cantam somente as músicas próprias de seu grupo ou movimento, nem de outros que querem cantar exclusivamente cantos ligados à realidade sócio-política, se isto vai provocar rejeição de parte da assembléia.

Pois todos têm o direito de compreender e participar, com gosto, sobretudo os mais desprovidos.

É preciso que se pense em todos, e em cada um na comunhão com os demais;
Não é coisa fácil conhecer as necessidades verdadeiras, as capacidades reais e os gostos especiais de uma assembléia. O pior que pode acontecer é achar que tudo se resolve entre quem preside e o regente ou animador do canto. E o melhor será uma prática comunitária e democrática, onde as pessoas recebem as informações e a formação necessárias em matéria de liturgia e música, trocam seus pontos de vista, e com critérios e bom senso fazem seu discernimento, avaliam permanentemente sua prática e vão encontrando a feição musical e litúrgica da assembléia. E é bom estar atento para o fato de que nem sempre o que se pensa e o que se diz, coincide com o que se sente e se vive. Nossa escuta tem que ser mais profunda do que simplesmente perguntar às pessoas o que elas acham, sobretudo porque há toda uma massa de silenciosos.

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Integrar a todos

Celebrar com uma assembléia homogênea não é algo que aconteçe sempre, nem parece ser o mais significativo. É bem mais fácil escolher cantos, música ou coreografia com ou para uma comunidade monástica, um grupo de jovens, um encontro da Pastoral Operária ou um retiro de catequistas... Mas não é esse tipo de celebração o que melhor revela a feição católica, isto é, universal, da Igreja, onde ninguém é mais do que ninguém, onde todos cabem e são acolhidos com suas diferenças, seus valores e seus dons, para formarem o único Corpo de Cristo.

Normalmente, nossas assembléias litúrgicas são heterogêneas, misturadas. Aí estão, não apenas indivíduos diferentes, mas segmentos ou grupos diferentes de pessoas, que têm algo de comum entre si e formam minorias específicas dentro da grande assembléia:

• numa assembléia em ambiente urbano de centro: gente de classe média, gente da periferia, gente de etnia, cultura, idade e sexo diferentes...
• numa Comunidade de Base da periferia urbana ou de meio rural: crianças da catequese, adolescentes que se preparam para a Confirmação, grupos diversos (de jovens, de casais, da pastoral dos enfermos, de idosos, etc).

Sob o pretexto de não se fazer acepção de pessoas, não se pode ignorar essas diferenças de ordem sócio-psicológica. Optar por uma neutralidade indiferente a tudo isso, com o propósito de atender a todos por igual, correria o risco de não atingir a ninguém. Pelo contrário, seria melhor empenhar-se em ir ao encontro de cada situação, tornando-se “servo de todos , a fim de ganhar o maior número possível” (1 Co 9,19):

⇒ Imaginemos uma assembléia de adultos, na qual há uma presença importante de adolescentes, a quem os cantos litúrgicos do gosto de seus pais, parecem “cafonas” e
enfadonhos... Sem privar os mais velhos de seus cantos tradicionais, por que não introduzir, em momentos estratégicos da celebração, cantos litúrgicos de um outro estilo, com os quais os mais jovens se identifiquem e através dos quais se expressem mais a gosto? Em momentos assim, eles vão entrar de cheio e toda a celebração, de repente, vai tomar um outro aspecto para eles e, quem sabe, vai mudar o clima geral da mesma para todos.
⇒ Imaginemos uma igreja freqüentada pela classe média, freqüentada também por gente de um bairro pobre vizinho, mas onde comparece um grupo de pessoas de cultura erudita em matéria de música... Seria oportuno incluir na celebração, sem prejuízo do canto da assembléia, algum momento especial, onde um coral, um órgão ou outros instrumentos poderão proporcionar um instante de poesia e contemplação, e uma oportunidade de enlevo espiritual para todos os demais.

⇒ Imaginemos ainda uma comunidade eclesial de base na periferia da cidade, ou mesmo alguma igreja de centro, onde sempre costuma haver uma presença significativa de negros ou mestiços: seria bom inserir em toda celebração alguns cantos, alguma música, alguma coreografia do recente, mas já rico e significativo repertório afro-brasileiro.

Ao garantir-se que as riquezas de cada um, de cada grupo ou minoria sejam colocadas à serviço de todos, leva-se a sério a assembléia concreta e real. Todo mundo vai se sentir levado em conta, pelo menos num ou noutro momento com o qual se identifica mais. Cada um vai se acostumando a reconhecer na assembléia a presença dos demais, a respeitar as diferenças e prestigiar os valores de cada grupo ou expressão cultural.
Uma outra possibilidade seria, por exemplo, confiar cada celebração à animação de algum grupo especial:

• às crianças com seus/suas catequistas ou acompanhantes;
• Aos adolescentes, que se preparam para a Confirmação ou participam de grupos, com
seus/suas catequistas ou acompanhantes;
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• Aos jovens que participam de grupos na comunidade;
• Aos adultos, dos Grupos da Comunidade;
• Ou a algum grupo ligado a uma pastoral ou movimento. Em todo caso, não faz sentido a celebração dominical a cargo de um determinado grupo: enfraquece a dimensão comunitária na vida do grupo e empobrece a vida da comunidade.

Em princípio, a celebração será sempre de toda a comunidade. Isto porém, não exclui a oportunidade de, cada vez, um grupo se manifestar com seu jeito, suas riquezas, seus valores e se fazer acolher pelos demais. Ao longo da caminhada, todos vão se sentindo contemplados e valorizados. Todo mundo vai aprendendo a respeitar e valorizar todo mundo. Nada mais católico, nada mais parecido com a experiência da comunidade cristã primitiva, onde “todos os que abraçaram a fé eram unidos e colocavam em comum todas as coisas... Louvavam a Deus e eram estimados por todo o povo” (At 2,44.47).

Contar com os agentes disponíveis
Uma assembléia litúrgica supõe necessariamente tarefas e papéis formais, a serem desempenhados por agentes previstos de antemão e preparados devidamente para tais papéis ou tarefas. Deles é que vai depender o desenrolar harmonioso da celebração. E isso é particularmente evidente quando se trata de canto, música, dança ou coreografia. É do animador do canto, do coral, dos instrumentistas, do grupo de dança, da capacidade vocal e musical dos que presidem ou coordenam a celebração, que depende todo o desempenho musical de uma assembléia. Tem que se levar em conta as possibilidades concretas de cada assembléia, de cada comunidade e seus agentes ou ministros.
Ter em vista a experiência de fé
A função própria do rito é ser sinal da fé. A celebração cristã da vida é essencialmente uma celebração da fé. Para que um rito cantado funcione como tal, não basta que a obra seja executável, que todo mundo cante, que a música seja bonita. É preciso, sobretudo, que o canto, a música, propicie uma experiência de Jesus Cristo, presente e atuante no meio dos seus, que sua Palavra seja anunciada e acolhida, que se realize uma comunhão no seu Espírito.

A questão principal e decisiva será sempre: que significa para esta assembléia o fato de se cantar tal canto, e de cantá-lo desta maneira? Questão particularmente difícil de ser respondida, cuja resposta sempre nos escapará em parte. Mas de todo imprescindível, pois dela depende o sentido mesmo do que fazemos, ao nos reunirmos em assembléia para celebrar nossa vida à luz da fé. Não basta contentar-se com uma bela cerimônia, com haver executado belas músicas, com haver realizado um encontro agradável. Trata-se mais de haver acolhido em profundidade a Palavra que liberta e transforma, que faz morrer e reviver, que nos abre para o Outro e para os outros, segundo o espírito das Bem-Aventuranças!

Tocar, cantar e dançar muita ou pouca música... escolher entre este ou aquele repertório... não vale igualmente para todo tipo de assembléia. O critério decisivo não será jamais a própria música, mas a assembléia que se reúne para cantar, tocar e dançar, ao celebrar sua fé.

.O canto litúrgico enraizado na assembléia
Nada mais sem graça e enfadonho do que uma celebração-robô, um “enlatado” litúrgico, sem o rosto da comunidade que celebra, sem raiz nos acontecimentos que marcam a sua vida, sem atualidade, fora do tempo e do espaço. Ao pretender agradar a todos, termina sendo de ninguém. Pelo contrário, onde se tem experiência de uma celebração significativa e interessante, há sempre por trás uma equipe de celebração, capaz de encontrar, com a assembléia por ela animada, o seu próprio estilo. Mas para chegar-se a este ponto não basta a personalidade de quem preside, a qualidade do coral, a competência dos instrumentistas, a riqueza de um repertório ou a escolha acertada dos cantos... É preciso que haja uma certa coerência entre as pessoas e as ações; um ajustamento percebível entre a arquitetura e o jeito de celebrar, entre as mensagens e a música, entre a cultura e a fé dos participantes. É preciso, sobretudo, uma profunda harmonia entre aquele que preside, os demais ministros, o (a) regente ou animador(a) do canto, o coral, os instrumentistas e o povo.

É justamente por isso que as assembléias que se exprimem com cantos criados dentro delas e para elas - para um tal público, tais intérpretes, tais instrumentos, tal espaço, tal
arrumação - parecem muito mais autênticas e cheias de vida. E não é por nada que das composições recentes, as melhores, são quase sempre as que surgem de uma assembléia particular ou de uma circunstância especial. Elas se enraízam num tempo ou num espaço determinados... elas têm húmus. A tradição do “Cantor”, que compõe para as celebrações de sua comunidade, é ,sem dúvida, a hipótese mais interessante. Da mesma forma, o instrumentista, capaz de improvisar em certos momentos de uma determinada celebração... ou o salmista, encontrando, em determinada circunstância, o jeito melhor de salmodiar ou cantilar.

Se essa for, então, a nossa compreensão do afazer litúrgico, consequentemente teremos que admitir como positiva e desejável a mais ampla e rica diversidade em matéria de desempenho musical de nossas assembléias. É necessário e suficiente garantir os elementos essenciais da celebração cristã e alguns cantos comuns, especialmente no âmbito de uma mesma região cultural, de modo a permitir que os que aí chegam de passagem, consigam se situar na celebração local. Nada a temer, nada a perder, se cada assembléia tem sua personalidade musical, como cada pessoa tem seu rosto, seu semblante, desde que se possa reconhecer sob traços tão diferentes, o único semblante da Esposa de Cristo, a sua Igreja.

• O primado da Assembléia, com todas estas implicações, questionam sob algum aspecto sua prática como autor, compositor ou agente litúrgico-musical?
• Ao prestar o seu serviço musical, sua preocupação maior é servir ao conjunto, levando em conta os gostos e o jeito de ser de cada uma das das minorias aí presentes?
• Você utiliza toda a riqueza de seus talentos, tendo bem presente as reais possibilidades da Assembléia para quem você compõe ou presta algum outro tipo de serviço litúrgicomusical?
• Você se preocupa em aprofundar sua experiência de fé, de tal maneira que sua arte e seu serviço musical, ao brotarem de uma tal experiência, possa alimentar a fé de sua comunidade?
• Você é dos que se alegram com a variedade da vida, ou parte para uma uniformidade, que empobrece e sufoca?
• Ficou clara para você a resposta à pergunta “Quem canta, toca e dança na celebração litúrgica?”
(Extraído do Doc. 7 - CNBB : PASTORAL DA MÚSICA LITÚRGICA NO BRASIL. Texto de estudo)

sábado, 4 de outubro de 2008

O modernismo na Litúrgia

São Paulo, ensinou em seu tempo que "Em um só Espírito fomos batizados todos nós, para formar um só corpo, judeus ou gregos, escravos ou livres; e todos fomos impregnados do mesmo Espírito" (1). A Igreja primitiva cresceu tendo este preceito como um santo mandamento. E já na Idade Média aparece na história com a forma de um único corpo; Santo, Católico, Apostólico e Romano. Veremos neste artigo parte da problemática surgida no Século passado, que tem sua causa no abandono deste simples e fundamental preceito da Igreja.

No inicío Século passado entusiasmados pelos progressos técnicos, um grupo de estudiosos fundou um movimento para reinterpretar o cristianismo, a partir dos progressos de então. Não é nosso objetivo apresentar este movimento, que ficou conhecido como modernismo em sua totalidade. Queremos destacar um de seus princíos que triunfou no Concílio Ecumênico Vaticano II; o da distinção entre substância e forma. Condenado naquele mesmo tempo por São Pio X, na Carta Encíclica Pascendi Dominici Gregis (2).

A distinção entre forma e substância, é tirada da teoria da evolução. Os modernistas entenderam a substância como a matéria e a forma como o seu revestimento. Deste modo, eles entendem que os homens darwinistas tem a mesma substância, mudaram apenas em sua forma. Isto explica porque defenderam que a experiência sentimental é capaz de vencer qualquer experiência racional. São Pio X na Pascendi, condenou este princío:

"Há ainda outra face, além da que já vimos, nesta doutrina da experiência, de todo contrária à verdade católica. Pois, ela se estende e se aplica à tradição que a Igreja tem sustentado até hoje, e a destrói. E com efeito, os modernistas concebem a tradição como uma comunicação da experiência original, feita a outrem pela pregação, mediante a fórmula intelectual."(3)

Diante da condenação, o modernismo foi abafado, mas permaneceu secretamente atuante. Ressurgiu das cinzas no período do pontificado de Pio XII, como diz Dom Aloísio Lorscheider, (um dos Bispos desta nova teologia em sua versão marxista, a Teologia da libertação); "... a Théologie Nouvelle (4) afirmara que a verdade revelada, sendo católica, deveria poder encarnar-se nas categorias de pensamento de qualquer Filosofia e qualquer cultura. (5) No mesmo texto, diz o Bispo, que Pio XII, condenou a Théologie Nouvelle através da Humani Generis, afirmando:

"Que não se pode, sem mais, aceitar tal princípio, pois há sistemas que não servem para encarnar a verdade revelada como o imanentismo, o idealismo, o materialismo, seja histórico, seja dialético, o próprio existencialismo, enquanto professa o ateísmo ou enquanto nega o valor do raciocínio no campo da metafísica.

Para que uma verdade revelada se possa encarnar em determinada Filosofia, requer-se que essa Filosofia aceite o genuíno valor do conhecimento humano, os princípios indestrutíveis da razão suficiente, da causalidade, da finalidade e aceite também a capacidade da inteligência de atingir a verdade certa e imutável."
(6)

Passados oito anos da publicação da Humani Generis, morre Pio XII e lhe sucede João XXIII. Ao terceiro ano de seu pontificado, convoca um Concílio Ecumênico, onde já no discurso de abertura, faz da distinção entre substância e forma, o preceito mestre do Concílio:

" Uma coisa é a substância do « depositum fidei », isto é, as verdades contidas na nossa doutrina, e outra é a formulação com que são enunciadas, conservando-lhes, contudo, o mesmo sentido e o mesmo alcance. Será preciso atribuir muita importância a esta forma e, se necessário, insistir com paciência, na sua elaboração; e dever-se-á usar a maneira de apresentar as coisas que mais corresponda ao magistério, cujo caráter é prevalentemente pastoral. "(7)

O Concílio durará apenas 3 anos (1962-1965), sua aplicação colocará a Igreja em uma crise jamais vista em toda sua história. Hoje passados quase 43 anos de seu término, podemos avaliar este Concílio como algo no mínimo estranho a tradição da Igreja. Porque triunfaram todos os princípios modernistas até então condenados pela Igreja. O que é fácilmente demonstrado pela litúrgia, onde afirmou e reafirmou-se o direito da Théologie Nouvelle:

"Mantendo-se substancialmente a unidade do rito romano, dê-se possibilidade às legítimas diversidades e adaptações aos vários grupos étnicos, regiões e povos, sobretudo nas Missões, de se afirmarem, até na revisão dos livros litúrgicos; tenha-se isto oportunamente diante dos olhos ao estruturar os ritos e ao preparar as rubricas. " (8)

No inicío do artigo referimo nos ao preceito batismal (fundamental) pelo qual fomos batizados, o de formar um só corpo. Caros leitores, pergunto a vocês:

Aplicado a distinção modernista na Igreja, qual seria sua substância e qual seria sua forma?

Como judeus ou gregos, escravos ou livres, formarão um só corpo, se lhes é dado o direito de formar sua própia litúrgia?

Podemos dizer sem sombra de dúvidas que passados quase dois mil anos, foi necessário um Concílio Ecumênico para detectar um grave problema no cristianismo; ele não tem uma forma universal e própia, sua forma é empréstimo de todas as culturas humanas. O cristianismo em si mesmo, não dispõem de uma cultura, uma filosofia e uma teologia própia, ele evoluí e juntamente com ele tudo que o compõe.

A litúrgia caríssimos, encarnou-se em todas as culturas e filosofias humanas. Provando nos o resultado prático da adoção do método moderno que foi condenado pelo Magistério pré-conciliar, por ser a geratriz do preceito modernista exposto.

Ora, ao aplicar-se a misericórdia ao erro, pressupõe-se a tentativa de encarnação da doutrina católica no erro e dá se a este a liberdade para encarnar-se na doutrina católica. Tal aplicação e liberdade, só é possível pelo método moderno, que pressupõe condenações após a experiência. Assim, reduz-se o catolicismo ao natural e humano, pois as condenações são avisos de DEUS para os fiéis não fazerem a experiência do erro. Condenando-se após a experiência, DEUS não fala, mas é o homem quem fala, através da juízos meramente humanos. Digamos, que dariam ouvidos a um São João Bosco, apenas após o cumprimento de cada profecia que fizesse, pois necessitam apenas da prova de que a profecia é profecia, não de seu conteúdo.


(1) São Paulo; Primeira Carta aos Coríntios; Cap. 12, Vers. 13
(2) São Pio X; Pascendi Dominici Gregis; O modernista crente
(3) Ibidem
(4)
(5)Uma Criteriosa teológica; Cardeal Dom Aloisio Lorscheider
(6) Ibid.
(7) João XXIII; Discurso de abertura do Concílio Vaticano II, VI. Como deve ser promovida a doutrina, 5.
(8) Sacrosanctum Concilium 38