domingo, 16 de janeiro de 2011

Assis: a celebração da hermenêutica da ruptura

Declaração de Dom Antônio e Dom Lefebvre por ocasião da reunião ecumênica de Assis em 1986.

 

Por ocasião da reunião de Assis, de 1986, Dom Marcel Lefebvre e Dom Antônio de Castro Mayer fizeram esta declaração conjunta para manifestar o caráter anti-católico daquela reunião. Hoje, quando o Papa chama novamente 250 chefes de falsas religiões para repetir o escândalo de Assis, é preciso reler estes preciosos textos dos dois grandes bispos da Tradição.

DECLARAÇÃO

(como conseqüência dos acontecimentos da visita de João Paulo II à Sinagoga e ao Congresso das Religiões em Assis).

Roma nos mandou perguntar se tínhamos a intenção de proclamar nossa ruptura com o Vaticano por ocasião do Congresso de Assis.
Parece-nos que a pergunta deveria, antes, ser esta: o sr. acredita e tem a intenção de declarar que o Congresso de Assis consuma a ruptura das Autoridades Romanas com a Igreja Católica?
Porque é precisamente isto que preocupa àqueles que ainda permanecem católicos.
Com efeito, é bastante evidente que, desde o Concílio Vaticano II, o Papa e os Episcopados se afastam, de maneira cada vez mais nítida, de seus predecessores.
Tudo aquilo que foi posto em prática pela Igreja para defender a Fé nos séculos passados, e tudo o que foi realizado pelos missionários para difundi-la, até o martírio inclusive, é considerado doravante como uma falta da qual a Igreja deveria se acusar e pedir perdão. (nota: os dois bispos não podiam imaginar a avalanche de pedidos de perdão que viria, anos mais tarde, humilhar a Santa Igreja)

A atitude dos onze Papas que, desde 1789 até 1968, em documentos oficiais, condenaram a Revolução liberal, é considerada hoje como "uma falta de compreensão do sopro cristão que inspirou a Revolução".
Donde, a reviravolta completa de Roma, desde o Concílio Vaticano II, que nos faz repetir as palavras de Nosso Senhor àqueles que O vinham prender: "Haec est hora vestra et potestas tenebrarum – Esta é a vossa hora e o poder das trevas". (Lc. 22, 52-63)

Adotando a religião liberal do protestantismo e da Revolução, os princípios naturalistas de J.J. Rousseau, as liberdades atéias da Constituição dos Direitos do Homem, o princípio da dignidade humana já sem relação com a verdade e a dignidade moral, – as Autoridades Romanas voltam as costas a seus predecessores e rompem com a Igreja Católica, e põem-se a serviço dos que destroem a Cristandade e o Reinado Universal de Nosso Senhor Jesus Cristo.
Os recentes atos de João Paulo II e dos Episcopados nacionais ilustram, de ano para ano, esta mudança radical de concepção da fé, da Igreja, do Sacerdócio, do mundo, da salvação pela graça.
O cúmulo desta ruptura com o magistério anterior da Igreja, depois da visita à Sinagoga, se realizou em Assis. O pecado público contra a unicidade de Deus, contra o Verbo Encarnado e Sua Igreja faz-nos estremecer de horror: João Paulo II encorajando as falsas religiões a rezar a seus falsos deuses: escândalo sem medida e sem precedente.
Poderíamos retomar aqui nossa Declaração de 21 de novembro de 1974, que permanece mais atual que nunca.
Quanto a nós, permanecendo indefectivelmente na adesão à Igreja Católica e Romana de sempre, somos obrigados a verificar que esta religião modernista e liberal da Roma moderna e conciliar se afasta cada vez mais de nós, que professamos a Fé católica dos onze Papas que condenaram esta falsa religião.
A ruptura, portanto, não vem de nós, mas de Paulo VI e de João Paulo II, que rompem com seus predecessores.
Esta negação de todo o passado da Igreja por estes dois Papas e pelos Bispos que os imitam é uma impiedade inconcebível e uma humilhação insuportável para aqueles que continuam católicos na fidelidade a vinte séculos de profissão da mesma Fé.
Por isso, consideramos como nulo tudo o que foi inspirado por este espírito de negação: todas as Reformas post-conciliares, e todos os atos de Roma realizados dentro desta impiedade.

Contamos com a graça de Deus e o sufrágio da Virgem Fiel, de todos os Mártires, de todos os Papas até o Concilio, de todos os Santos e Santas fundadores e fundadoras de Ordens contemplativas e missionárias, para que venham em nosso auxilio na renovação da Igreja pela fidelidade integral à Tradição.

Buenos Aires, 2 de dezembro de 1986

        + Marcel Lefebvre
        Arcebispo-Bispo emérito de Tulle

        + Antonio de Castro Mayer 
        Bispo emérito de Campos 
        que concorda plenamente com a presente declaração e a faz sua.

http://www.beneditinos.org.br/atualidades/documentos/decdantoniodlefebvre.htm

LIBERALISMO Y CATOLICISMO - Pe Roussel


por el Padre Roussel

“… Los errores modernos envenenan de tal modo la atmósfera que respiramos, que los mejores fieles de la Iglesia se contaminan. Las costumbres de laicización de la Sociedad, de indiferentismo religioso, de liberalismo en todos los campos, son tales, que nos cuesta mucho acoger la verdad en toda su integridad, verdad que nos viene de la sana filosofía y de la fe católica…”
“… El libro del Padre Roussel: Liberalismo y Catolicismo, da una perfecta idea del Liberalismo y del peligro que supone el Catolicismo liberal, que proliferó con motivo del ralliement, se desarrolló con el Sillonismo, el modernismo, el progresismo, para triunfar con ocasión del Concilio Vaticano II, y destruir finalmente todo lo que quedaba de específicamente católico en la fe, la moral, la Liturgia, las instituciones de la Iglesia, por la aplicación del espíritu ecuménico y democrático.
“De ahí la importancia de conocer bien lo que los Papas pensaron sobre el Liberalismo y sus sucedáneos. Su resistencia tenaz y valiente frente a este ataque apocalíptico es también nuestra resistencia. Sus argumentos son nuestros argumentos. Puesto que este ataque tiene como fin la destrucción del orden natural y sobrenatural, la defensa contra él se ha de basar en los principios fundamentales de estos órdenes natural y sobrenatural, y, por consiguiente, en principios inmutables y eternos como Dios mismo, autor de estos dos órdenes…”
(Extractos del curso consagrado al “Magisterio de la Iglesia”,
del año 1979-1980, por Monseñor Marcel Lefebvre)

- Informe sobre el Liberalismo en general -

INTRODUCCIÓN



Deseamos que Jesucristo, Hijo de Dios y Redentor de los hombres, reine no sólo sobre los individuos, sino también sobre las familias, pequeñas y grandes, sobre las naciones, y sobre todo el orden social. Esta es la idea rectora que nos une especialmente esta semana.
De este reinado social de Cristo Rey, reinado legítimo en sí, necesario para nosotros, no hay adversario más temible por su astucia, su tenacidad, su influencia, que el liberalismo moderno.
¿Qué es pues el liberalismo?, ¿cuáles son sus orígenes, sus principales manifestaciones, su desarrollo lógico?, ¿cómo calificarlo y refutarlo?... tales son algunas de las preguntas de las que esta relación quiere exponer rápidamente el enunciado con su respuesta.

1º) EL TÉRMINO Y LA COSA


El término “liberal”, como aquel del cual procede, “libertad”, gusta a la masa inconsciente; en efecto, a causa de su misma imprecisión sonora, es fácilmente entendido y permite así a cada uno elegir y aplaudir, entre los múltiples sentidos que abarca, aquel que responde mejor a sus convicciones, a sus sentimientos, a sus intereses. De allí los numerosos y, en definitiva, funestos equívocos a los que se presta.
Sirve para designar ya sea aquello que conviene a un hombre de condición libre, o la cualidad de un corazón abierto a la piedad y generoso; en este sentido Dios es, según Santo Tomás, “máxime liberalis” (1); o, finalmente, el amor a una cierta libertad. Es en este último sentido que lo tomamos aquí: el liberal es aquel que es y se declara partidario de la libertad.
Pero se encontrarán, nuevamente, muchos modos de ser “liberal”, según las muy diversas interpretaciones que podrán darse a esta palabra “libertad”.
Bajo la Restauración, el partido «liberal» incluía a los discípulos de Voltaire y de Rousseau, imbuidos de los principios de 1789, enemigos de la monarquía católica y de la Iglesia romana, devotos de las “libertades modernas”, concebidas como una conquista definitiva, como un ideal intangible, del cual ellos se hacían los más ardientes prosélitos.
Este es el sentido que ha mantenido hasta hoy entre nuestros vecinos, los belgas. Pero en Francia, desde el día en que, bajo la influencia de F. de Lamennais, algunos católicos preconizaron la adhesión a las «libertades modernas», los entusiastas de la Declaración de los Derechos del Hombre, los herederos de la Revolución pretendieron, no sin razón, poseer el monopolio del “liberalismo integral”, “radical”: fue así que los “liberales” de 1820 se convirtieron en los «radicales» de la Tercera República; abandonaron a los partidarios del orden el calificativo mismo del desorden, al punto que hoy, en Francia, el término “liberal” es a menudo aplicado, a modo de elogio, a todo estado de espíritu, a todo sistema favorable a las libertades legítimas.
Aquí lo entendemos, por el contrario, en el sentido netamente peyorativo de una afección morbosa por una libertad desordenada, o del sistema en el cual trata de traducirse esta afección, como para justificarse respecto a la razón. Se trata entonces de mostrar al desnudo esta afección, de precisar este sistema y definirlo.
La tarea es de las más difíciles: en efecto, el liberalismo, tomado en su conjunto, es algo vago, incierto, indeterminado, que extendiéndose a todos los campos, filosofía, teología, moral, derecho, economía, aparece en todos como esencialmente variable, al gusto de las personas y de las circunstancias. De allí la extrema dificultad de aprehender este proteo que asume a voluntad todas las formas, todos los rostros, incluida la máscara de la verdad y de la virtud.
Intentemos entonces hallar, bajo sus múltiples manifestaciones, su característica más formal y su sentido más profundo, para dar una definición, al menos aproximada.

Fonte: Distrito da América do Sul da FSSPX

sexta-feira, 14 de janeiro de 2011

Neoclericalismo

Don Davide Pagliarani

O clericalismo é um "mal" que, tem estereótipos mais comuns forjados pela Revolução, é sistematicamente atribuído à Igreja do passado, onde era quase uma nota natural. Mas desde o Concílio Vaticano II, sob o pretexto de pastoral pessoas da Igreja metem o nariz em tudo, até mesmo para se pronunciar sobre todas as questões para as quais não possuem nenhuma competência. Bem, isso é neoclericalismo. Primeira consequência: a necessário descredito da Igreja, arrastada para um terreno que não é o seu.
A Igreja não tem necessidade de sacerdotes ou bispos que falem de poluição ou de promoção humana, e que se intrometam em todos disparates e problemas dos noticiários.

Aqueles padres não servem a Igreja e não servem para Igreja. A Igreja precisa de sacerdotes que falam do Cristo crucificado - e somente Cristo crucificado - escândalo para os judeus e loucura para os gentios ...

Editorial da revista “Tradizione Católica” – FSSPX Itália